sábado, octubre 22, 2005

Posdata sobre las sociedades de control

Posdata sobre las sociedades de control
Gilles Deleuze

Traducción: Martín Caparrós


I. HISTORIA

Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela ("acá ya no estás en tu casa"), después el cuartel ("acá ya no estás en la escuela"), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar, cuando ve a unos obreros: "me pareció ver a unos condenados...". Foucault analizó muy bien el proyecto ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe ser superior a la suma de las fuerzas elementales. Pero lo que Foucault también sabía era la brevedad del modelo: sucedía a las sociedades de soberanía, cuyo objetivo y funciones eran muy otros (recaudar más que organizar la producción, decidir la muerte más que administrar la vida); la transición se hizo progresivamente, y Napoleón parecía operar la gran conversión de una sociedad a otra. Pero las disciplinas a su vez sufrirían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas que se irían instalando lentamente, y que se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades disciplinarias eran lo que ya no éramos, lo que dejábamos de ser.
Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un "interior" en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias.
"Control" es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que Foucault reconocía como nuestro futuro próximo. Paul Virilio no deja de analizar las formas ultrarrápidas de control al aire libre, que reemplazan a las viejas disciplinas que operan en la duración de un sistema cerrado. No se trata de invocar las producciones farmacéuticas extraordinarias, las formaciones nucleares, las manipulaciones genéticas, aunque estén destinadas a intervenir en el nuevo proceso. No se trata de preguntar cuál régimen es más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las liberaciones y las servidumbres. Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades, pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros. No se trata de temer o de esperar, sino de buscar nuevas armas.


II. LÓGICA

Los diferentes internados o espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son variables independientes: se supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común de todos esos lugares existe, pero es analógico. Mientras que los diferentes aparatos de control son variaciones inseparables, que forman un sistema de geometría variable cuyo lenguaje es numérico (lo cual no necesariamente significa binario). Los encierros son moldes, módulos distintos, pero los controles son modulaciones, como un molde autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento al otro, o como un tamiz cuya malla cambiaría de un punto al otro. Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. El principio modular del "salario al mérito" no ha dejado de tentar a la propia educación nacional: en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la empresa.

En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Kafka, que se instalaba ya en la bisagra entre ambos tipos de sociedad, describió en El Proceso las formas jurídicas más temibles: el sobreseimiento aparente de las sociedades disciplinarias (entre dos encierros), la moratoria ilimitada de las sociedades de control (en variación continua), son dos modos de vida jurídica muy diferentes, y si nuestro derecho está dubitativo, en su propia crisis, es porque estamos dejando uno de ellos para entrar en el otro. Las sociedades disciplinarias tienen dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en una masa. Porque las disciplinas nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo (Foucault veía el origen de esa doble preocupación en el poder pastoral del sacerdote -el rebaño y cada uno de los animales- pero el poder civil se haría, a su vez, "pastor" laico, con otros medios). En las sociedades de control, por el contrario, lo esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas (tanto desde el punto de vista de la integración como desde el de la resistencia). El lenguaje numérico del control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo. Ya no nos encontramos ante el par masa-individuo. Los individuos se han convertido en "dividuos", y las masas, en muestras, datos, mercados o bancos. Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban oro como número patrón, mientras que el control refiere a intercambios flotantes, modulaciones que hacen intervenir como cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra. El viejo topo monetario es el animal de los lugares de encierro, pero la serpiente es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, en el régimen en el que vivimos, pero también en nuestra forma de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de las disciplinas era un productor discontinuo de energía, pero el hombre del control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un haz continuo. Por todas partes, el surf ha reemplazado a los viejos deportes.
Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo. Una mutación ya bien conocida, que puede resumirse así: el capitalismo del siglo XIX es de concentración, para la producción, y de propiedad. Erige pues la fábrica en lugar de encierro, siendo el capitalista el dueño de los medios de producción, pero también eventualmente propietario de otros lugares concebidos por analogía (la casa familiar del obrero, la escuela). En cuanto al mercado, es conquistado ya por especialización, ya por colonización, ya por baja de los costos de producción. Pero, en la situación actual, el capitalismo ya no se basa en la producción, que relega frecuentemente a la periferia del tercer mundo, incluso bajo las formas complejas del textil, la metalurgia o el petróleo. Es un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas y vende productos terminados: compra productos terminados o monta piezas. Lo que quiere vender son servicios, y lo que quiere comprar son acciones. Ya no es un capitalismo para la producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el mercado. Así, es esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. La familia, la escuela, el ejército, la fábrica ya no son lugares analógicos distintos que convergen hacia un propietario, Estado o potencia privada, sino las figuras cifradas, deformables y transformables, de una misma empresa que sólo tiene administradores. Incluso el arte ha abandonado los lugares cerrados para entrar en los circuitos abiertos de la banca. Las conquistas de mercado se hacen por temas de control y no ya por formación de disciplina, por fijación de cotizaciones más aún que por baja de costos, por transformación del producto más que por especialización de producción. El servicio de venta se ha convertido en el centro o el "alma" de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos.


III. PROGRAMA

No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal.
El estudio socio-técnico de los mecanismos de control, captados en su aurora, debería ser categorial y describir lo que está instalándose en vez de los espacios de encierro disciplinarios, cuya crisis todos anuncian. Puede ser que viejos medios, tomados de las sociedades de soberanía, vuelvan a la escena, pero con las adaptaciones necesarias. Lo que importa es que estamos al principio de algo. En el régimen de prisiones: la búsqueda de penas de "sustitución", al menos para la pequeña delincuencia, y la utilización de collares electrónicos que imponen al condenado la obligación de quedarse en su casa a determinadas horas. En el régimen de las escuelas: las formas de evaluación continua, y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda investigación en la Universidad, la introducción de la "empresa" en todos los niveles de escolaridad. En el régimen de los hospitales: la nueva medicina "sin médico ni enfermo" que diferencia a los enfermos potenciales y las personas de riesgo, que no muestra, como se suele decir, un progreso hacia la individualización, sino que sustituye el cuerpo individual o numérico por la cifra de una materia "dividual" que debe ser controlada. En el régimen de la empresa: los nuevos tratamientos del dinero, los productos y los hombres, que ya no pasan por la vieja forma-fábrica. Son ejemplos bastante ligeros, pero que permitirían comprender mejor lo que se entiende por crisis de las instituciones, es decir la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de dominación. Una de las preguntas más importantes concierne a la ineptitud de los sindicatos: vinculados durante toda su historia a la lucha contra las disciplinas o en los lugares de encierro (¿podrán adaptarse o dejarán su lugar a nuevas formas de resistencia contra las sociedades de control?). ¿Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser "motivados", piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera.

Fuente:http://www.lainsignia.org

miércoles, octubre 19, 2005

EN EL ENTORNO DEL ESTADO

EN EL ENTORNO DEL ESTADO
Conversación entre Pierre Bordieu y Hans Haacke

Pierre Bordieu: Usted se ha referido a los intelectuales que, para huir del
desencanto frente al hundimiento de los regímenes digamos socialistas (y
ésta es una hipótesis optimista: hay también una ambición de poder que busca
ejercer por otros medios la influencia que no se puede ejercer por las solas
armas intelectuales), se han pasado a la gestión. Desde los años 60, ciertos
intelectuales -sobre todo sociólogos y economistas influidos por el modelo
americano- han exaltado la figura del experto responsable o del tecnócrata
gestor contra la imagen hasta entonces dominante -particularmente con
Sartre- del intelectual crítico. Sorprendentemente, es sin duda la llegada
al poder de los socialistas la que le otorga a esta figura su baza decisiva.
El poder socialista ha suscitado sus pequeños intelectuales de corte que, de
coloquio en comisión, han ocupado el primer plano de la escena,
ocultando -si es que no combatiendo- el trabajo de aquellos que han
continuado resistiendo en sus búsquedas en todos los órdenes.

Hans Haacke: Puede que haya ahí un conflicto irresoluble. Ningún organismo,
y seguramente ni siquiera una sociedad compleja como la nuestra, puede
existir sin un dispositivo gestor. No dudo en absoluto que ganamos con la
presencia de intelectuales en los órganos de gestión. Pero también tengo
claro que el objetivo de la gestión es sobre todo asegurar el funcionamiento
antes que la reflexión o la crítica. Son responsabilidades contradictorias.
Conozco, porque lo he observado personalmente, el cambio
radical -seguramente inevitable- que sufren los personajes del mundo del
arte cuando se pasan de la crítica a la gestión de las instituciones o la
organización de exposiciones.

Pierre Bordieu: Mediante la puesta en rebajas, si es que no la demolición,
del intelectual crítico, lo que está en juego es la neutralización de todo
contrapoder. Estamos de más todos los que tenemos la pretensión de
oponernos, individual o colectivamente, a los imperativos sagrados de la
gestión. Es algo insoportable.

Y ahí reencontramos otra antinomia, o cuando menos una contradicción muy
difícil de superar. Las actividades de investigación, tanto en el dominio
del arte como en el de la ciencia, necesitan del Estado para existir. En la
medida en que, grosso modo, el valor de las obras es proporcionalmente
inverso a lo extendido de su mercado, las empresas culturales no pueden
existir y subsistir sino gracias a los fondos públicos. Las radios y las
televisiones culturales, los museos, todas las instituciones que ofrecen
"high culture", conocimientos nuevos, no existen sino por los fondos
públicos, como excepciones a la ley del mercado hechas posibles por la
acción del Estado, el único capaz de asegurar la existencia de una cultura
sin mercado. No se puede abandonar la producción cultural a la suerte del
mercado o a la graciosa complacencia de un mecenas.

Hans Haacke: A título de anécdota: en el Museo Busch-Reisinger de la
Universidad de Harvard, un museo que se especializa en arte alemán, hay hoy
por hoy un "curator Daimler-Benz". Es un conservador que ocupa un puesto
pagado por Mercedes. Simplemente, es impensable que ese museo llegue un día
a presentar mi trabajo.

Pierre Bordieu: Por definición, el estado es el único que puede representar
la paradoja del "corredor libre" -tan querida por los economistas
neoclásicos-: una solución no lógica, que no la hay, pero sí sociológica.
Sólo el estado está en condiciones de decir -con alguna posibilidad de ser
escuchado y obedecido-: cojas o no cojas el autobús, vayas o no vayas al
hospital, seas negro o blanco, cristiano o musulmán, debes pagar para que
haya autobuses, escuelas, hospitales abiertos a negros y blancos, cristianos
y musulmanes. El liberalismo radical es evidentemente la muerte de la
producción cultural libre, porque la censura se ejerce a través del dinero.
Si por ejemplo yo tuviera que encontrar esponsors para financiar mi
investigación, mal iría. Un poco como usted, si tuviera que buscarse la
ayuda con Mercedes o Cartier. Evidentemente estos ejemplos son un poco
burdos, pero creo que son importantes porque es en los casos límite donde
pueden verse con claridad los enjuagues, los compromisos.

Hans Haacke: En los Estados Unidos hay una tradición muy distinta, toda vez
que todas las instituciones culturales son privadas y dependen de la
generosidad de los patronos y, más recientemente, de los esponsors. Lo que
resulta escalofriante es que en Europa se comienza a aplicar el modelo
americano. Las instituciones que se han liberado de su servidumbre al
príncipe y la iglesia se colocan más y más cada vez bajo el control de las
empresas privadas. Esas empresas están obligadas a tener en cuenta los
intereses de su accionariado, es su razón de ser. La privatización de hecho
de las instituciones culturales tiene entonces un coste terrible. En la
práctica, la res-publica, lo público, desaparece. Incluso aunque los
esponsors sólo financien una parte del programa, en la práctica lo
condicionan por entero. Philip M. de Montebello, experto en estos temas, ha
llegado a admitir que "es una forma inherente de censura, insidiosa y
oculta"1. Es difícil restablecer la situación una vez que el estado ha
abdicado y las instituciones se convierten en dependientes, en el sentido
más fuerte, de sus esponsors. Mientras que, a fin de cuentas y a nivel de
presupuesto nacional, os contribuyentes continúan pagando la factura, las
instituciones, cada una en su sector, no ven más que la reducción
resultante. Cada vez más, se acostumbran a imponer limitaciones de contenido
a sus programas. La gestión lo impone. De hecho, el patrón de Cartier nos ha
advertido implícitamente que el entusiasmo de los esponsors no está
garantizado eternamente. En una entrevista declaraba: «La cultura está de
moda. Estupendo. Mientras eso ocurra hay que aprovecharse»2. Es ingenuo
pensar que el Estado va a retomar su responsabilidad en materia de cultura
cuando los Cartier del mundo ya no se interesen en ella.

Pierre Bordieu: De hecho es ahí donde volvemos a encontrar la antinomia. Hay
un cierto número de condiciones de existencia de una cultura crítica que no
pueden ser aseguradas sino por el estado. En breve: debemos esperar -e
incluso exigir- del Estado instrumentos de libertad frente a los poderes
económicos, pero también frente a los políticos: es decir, frente al estado
mismo. En cuanto el Estado se pone a pensar y actuar desde la lógica del
rendimiento y la rentabilidad, -en materia de hospitales, escuelas, radios,
televisiones, museos o laboratorios-, entonces todas las más altas
conquistas de la humanidad se ven amenazadas: todo aquello que se refiere al
orden de lo universal, del interés general, del que el Estado, quiéralo o
no, es el garante oficial.

Por eso es necesario que los artistas, los escritores e intelectuales, que
tienen a su cargo algunos de los más singulares hallazgos de la humanidad,
aprendan a servirse, contra el Estado, de la libertad que el propio Estado
asegura. Es preciso que trabajen, sin escrúpulo ni mala conciencia, para
impulsar el crecimiento del compromiso del estado y a la vez a mantenerse
vigilantes frente a la propia empresa del Estado. Por ejemplo, y si nos
referimos a la ayuda del Estado a la creación cultural, hay que luchar a la
vez por el aumento de dicha ayuda a las empresas culturales no comerciales y
por el aumento del control social sobre el empleo de dicha ayuda. Por el
aumento de la ayuda, contra la tendencia más y más asentada a medir el valor
de los productos culturales en función de lo extenso de su público, y a
condenar pura y simplemente, como hace la televisión, las obras sin público.
Y por el aumento del control ejercido sobre dicha ayuda porque si el éxito
comercial no garantiza el valor científico o artístico la falta de tal éxito
tampoco, y no cabe excluir por principio. Por ejemplo, entre los libros
difíciles de publicar sin subvención puede haberlos que no merezcan ser
publicados.

De manera más general, me parece obligado esforzarse en evitar que el
mecenazgo de estado, que obedece a una lógica muy parecida a la del
mecenazgo privado, pueda permitir a los detentadores del poder oficial
construirse una clientela -como hemos visto ha ocurrido recientemente con
las compras a pintores y anticipos sobre la taquilla para el mundo del cine-
o incluso una verdadera corte de"escritores", "artistas" e "investigadores".
Sólo reforzando a la vez la ayuda del estado y los controles sobre el empleo
de dicha ayuda -y en particular sobre las derivas privadas de los fondos
públicos- conseguiremos escapar en la práctica a la alternativa de
"estatalismo" o "liberalismo" en la que los ideólogos del nuevo liberalismo
intentan atraparnos.

Hans Haacke: Sí: es seguramente ahí donde reside nuestra responsabilidad.

Pierre Bordieu: Desgraciadamente, los ciudadanos y los intelectuales no
están preparados para ejercer esa libertad frente al Estado, sin duda porque
esperan demasiado a título personal: carreras, condecoraciones, la ridícula
clase de cosas por las que tienen Estado y son tenidos por él. Y luego está
la ley -que podemos llamar ley Jdanov- que hace que cuanto más débil y poco
reconocido sea un productor cultural según las leyes específicas de su
propio universo y entorno, tanto más tenga necesidad de la intervención de
poderes exteriores, tanto más esté dispuesto a apelar a esos poderes (sea la
Iglesia, el partido, el dinero o el Estado, según lo momentos y lugares)
para imponerse en su propio campo. Robert Dranton ha hecho una contribución
importante al pensamiento realmente crítico recordándonos que buena parte de
los revolucionarios franceses eran descendientes de la bohemia de los
escritores y los intelectuales fracasados3. Marat era un intelectual malvado
que envió a la guillotina a más de un buen intelectual. El mecenazgo de
Estado corre siempre el riesgo de favorecer a los mediocres, siempre más
dóciles. En 1848 había un gobierno de izquierda, el hermano de Louis Blanc
era el ministro de Cultura, y era un pintor pompier el que se encargaba de
hacer el retrato de la República... Y sabemos bien que, más globalmente, el
progresismo en materia de política no va necesariamente aparejado con ningún
radicalismo estético -y ello por razones sociológicas más que evidentes. Un
pensamiento verdaderamente crítico debe comenzar con una crítica de los
fundamentos económicos y sociales del propio pensamiento crítico. Es muy
frecuente que, como Vd. mismo ha recalcado en todo momento, un pensamiento
verdaderamente crítico deba realmente oponerse también a aquellos que
administran justificaciones críticas de pensamientos y prácticas realmente
conservadoras, o que no se adhieren a las posiciones críticas sino porque no
dan la talla (falta de competencia, en realidad) para ocupar las posiciones
normalmente asociadas al conservadurismo.

Hans Haacke: No hay duda de que los fondos públicos siempre pueden ser
usados para sostener a los pompiers o alimentar un arte oficial. Si hablamos
del encargo público -un sector extremadamente expuesto a las presiones
políticas- hay en efecto muchos ejemplos espantosos. Pero si comparamos esos
encargos públicos y las compras privadas, veremos que la situación no
mejora, sino que va a peor. Lo que cuenta es, siempre, la inteligencia y la
independencia de los responsables. Las obras de la exposición de "Arte
degenerado" de los nazis venían todas exclusivamente de colecciones
públicas. Eso quiere decir que pese a la oposición del emperador y las
autoridades que, desde 1918 y como él, no entendían nada de arte, los
directores de los museos alemanes habían adquirido un buen número de
importantes obras de la vanguardia de aquel tiempo. Otro ejemplo: la
comparación entre las adquisiciones de arte contemporáneo del MoMA de Nueva
York, institución privada que depende en primer lugar de las donaciones, y
las del Centro Pompidou demuestra que los funcionarios franceses han podido
ser más audaces y han reunido con fondos públicos una colección más
importante en el sector más "arriesgado", desde el punto de vista del
mercado, la moral o la ideología.

Pierre Bordieu: Un sistema público concede más margen de libertad; pero en
todo caso esa libertad hay que saber utilizarla...

Los filósofos adoran plantear la cuestión de la libertad del filósofo
profesor-funcionario. De hecho, es muy importante que existan profesores de
filosofía sostenidos por el Estado. Pero a condición de que ellos sepan
utilizar verdaderamente esa libertad ligada al hecho de que son titulares de
una posición garantizada por el Estado, y que incluye la libertad de,
eventualmente, pronunciarse contra el Estado, contra el pensamiento del
Estado. Pero esas opiniones en realidad no le debilitan, o no menos que lo
alimentan ... Y los poderes estatales hábiles saben muy bien cómo pueden
manipular a los artistas, invitarlos a los partis del Elíseo, etc. Dicho lo
cual, sigue siendo cierto que siempre que haya un curator arriesgado, él
puede elegir con riesgo. Mientras que si está financiado por empresas
privadas entonces no puede.

Hans Haacke: Puede que por ejemplo falte más coraje al nuevo conservador de
las galerías de contemporáneo del Centro Pompidou -que tiene menos que sus
colegas de antaño. Antes de su designación, fue conservador de la Foundación
Cartier ...

Pierre Bordieu: ¿Y cuál es el estatuto del curator en Graz? ¿Es funcionario
estatal?

Hans Haacke: La situación en Graz es un poco compleja. Cada otoño desde el
68 se organiza un fesival cultural, el Otoño Estirio. Está financiado por el
ayuntamiento de Graz, la provincia Estiria y el gobierno austríaco de Viena.

Pierre Bordieu: O sea, que es una manifestación ocasional. No tiene una
estructura permanente.

Hans Haacke: Werner Fenz, el curator encargado de organizar la sección de
artes plásticas del festival en el que yo participé, es el conservador de la
Neue Galerie, el pequeño museo de arte contemporáneo de la ciudad de Graz.

Pierre Bordieu: Parece muy audaz ...

Hans Haacke: Lo es. Y afortunadamente, no está solo. Para el veinte
aniversario del festival, los organizadores han decidido conmemorar otro
aniversario, el de la "Anschluss", la anexión de Austria por Hitler en 1938.
Dieciséis artistas han sido invitados a crear obras destinadas a ser
instaladas temporalmente en lugares públicos que jugaron un papel importante
en el régimen nazi. Werner Fenz ha explicado su programa con una claridad
admirable: "Puntos de referencia -que es el título de la exposición- intenta
incitar a los artistas a tratar con la historia, la política y lo social,
para así reivindicar un espacio intelectual hoy por hoy abandonado a la
indiferencia cotidiana, en una regresión progresiva, desconsiderada y
manipulada". Mi propuesta fue disimular una estatua de la Virgen en el
centro del pueblo, como hicieron los nazis en el 38, bajo un obelisco
cuajado de insignias hitlerianas y añadir un balance de los muertos
asesinados por los nazis en la provincia Estiria. Cuando lo propuse pensaba
que ese proyecto iba a ser imposible de realizar. Pero no quería participar
en la exposición sino con él. Los funcionarios podían haber dicho que mi
proyecto resultaba demasiado caro. O podían haberlo rechazado aludiendo a
razones de seguridad, en una región que todavía cuenta con demasiados
simpatizantes nazis. También podían haber invocado el respeto a la virgen,
como hizo un periódico local cuando mi memorial a los muertos del nazismo
recibió una bomba incendiaria. Pero, y pese a todos esos posibles
argumentos, el proyecto se realizó. El ayuntamiento, dirigido por los
socialistas, y la provincia -gobernada por conservadores-, colaboraron. Y
como esperaba, el memorial jugó un papel de catalizador de la conciencia
histórica entre las gentes de Graz. Creemos que la censura y la autocensura
están por todas partes -y es verdad, existe. Pero si probamos sus límites,
podemos encontrarnos de cuando en cuando que hay agujeros en el muro, que
podemos perforar. Puede ocurrir que las cosas puedan hacerse, pese a que las
imaginemos imposibles.

Pierre Bordieu: Los universos sociales se han vuelto muy complicados: son el
resultado de combinaciones de juegos muy complejos y separados. Y nadie
puede controlarlos. Puede ocurrir, por la concurrencia de un ministerio
contra otro, de una oficina contra otra, en un mismo universo, o entre
distintos universos... todo puede ocurrir. Depende muy frecuentemente de una
sola persona, pero si sabe sacar partido del "juego" que comportan siempre
las estructuras.

Hans Haacke: O es una persona o es una constelación anómala de
circunstancias, como la que conocí en Berlín tras la caída del muro y la
reunificación. Si no se intenta, nunca ocurre. Y si se consigue, ello
constituye un precedente en el que podemos apoyarnos para ir más allá.

Pierre Bordieu: Para retomar de nuevo lo que decíamos a propósito del
"clima" intelectual, podemos proponer que, teniendo en cuenta que se tiene
tendencia a renunciar a emprender una actuación determinada en función de
sus pocas posibilidades de éxito, el clima que tiende a desacreditar a los
intelectuales críticos, que tiende a rebajar la estimación de posibilidades
de hacer las cosas y triunfar en ellas, contribuye a favorecer una forma de
autocensura; o peor, un sentimiento de desmoralización y desmovilización. Es
por eso que actuaciones como las suyas tienen, en los tiempos que corren,
mucho valor. Tienen, como diría Max Weber, el valor de "profecías
ejemplares".

Hans Haacke: En la obra de Graz, como en la de Berlín o Königsplatz de
Munich no aporto realmente informaciones nuevas. Pero sí en otras, como la
que se refiere a los vínculos entre Philip Morris y el senador Helms, que
contienen una parte de información hasta ese momento desconocida, y que en
consecuencia producen un efecto de revelación. A partir de mis
investigaciones sobre las maniobras de fabricación de cigarrillos, que hizo
saber a todo el mundo que "el desarrollo de la empresa pasa por el arte", me
encontré con una pequeña bomba informativa: el espónsor de la Declaración de
Derechos no sólo subvencionaba las campañas electorales de Helms, como yo
suponía, sino que también los cowboys de Philip Morris habían donado 200,000
dólares para abrir un museo en su honor, destinado a difundir los "valores
americanos" que él representaba. Incorporé esa noticia dentro de un collage
facsímil de otro de Picasso que había formado parte de la exposición
Braque-Picasso que Phiplip Morris esponsorizó en el MoMA, reemplazando los
fragmentos de periódicos originales por extractos de la prensa actual. El
New York Times y otros periódicos hicieron amplios informes de mi
descubrimiento y recogieron también las embarazosas declaraciones de los
portavoces de la empresa. En protesta contra la ayuda prestada por Philip
Morris al enemigo del arte y los gays, muchos artistas se retiraron de
eventos esponsorizados por Philip Morris. Hubo ecos de ese boicot hasta en
Berlín. Finalmente, el espónsor de Helms dedició donar dinero para la lucha
contra el sida, y hacerlo público.

Pierre Bordieu: Demostró que un hombre prácticamente solo puede producir
efectos inmensos rompiendo la baraja, transgrediendo la ley y exponiéndola
al escándalo, el instrumento de acción simbólica por excelencia. O por lo
menos, que no es preciso optar entre la acción colectiva, la manifestación
en masa o el refugio en un partido, y la apatía individual, la renuncia y la
resignación.

Hans Haacke: Lo que nos ayudó, seguramente, fue que Jesse Helms tenía muy
pocos amigos en la prensa neoyorkina. Y también que esa revelación coincidió
con el gran debate en los Estados Unidos sobre los riesgos de fumar. Incluso
el ministerio de sanidad acusó a Philip Morris de ser un "mercader de
muerte". La impertinencia que cometió al presentarse como aval de los
Derechos Humanos, se volvió en su contra.


Una política de la forma.

Pierre Bordieu: En el punto en que nos encontramos, me parece que convendría
reflexionar sobre el hecho de que el proceso de autonomización del mundo
artístico -con respecto a mecenas, academias, al Estado...- ha venido
acompañado de una renuncia a determinadas funciones, en particular
políticas. Y que uno de los efectos que su trabajo produce es el de
reintroducir esa función. Dicho de otra forma: la libertad que los artistas
han ido conquistando a lo largo de la historia, y que se limita a las
formas, usted la extiende tambien a la función. Lo que lleva al problema de
la percepción de sus obras: los hay que se interesan en la forma y son
incapaces de percibir su función crítica, los hay que se interesan en la
función crítica y no perciben la forma, mientras que en realidad la
necesidad estética de la obra se refiere al hecho de que se dicen ciertas
cosas, pero en la forma precisa, necesaria y subversiva, en que son dichas.

Hans Haacke: Creo que el público de lo que llamamos arte raramente es
homogéneo. Siempre hay una tensión entre los que se interesan sobre todo en
aquello que es contado y aquellos que privilegian la manera. Ni los unos ni
los otros pueden apreciar la obra de arte en todo su valor. Las «formas»
hablan y el contenido se inscribe en las formas. El conjunto está
inevitablemente impregnado de significaciones ideológicas. Y no es distinto
en el caso de mi trabajo. Los hay que se interesan por el tema y la
información...


Pierre Bordieu: El mensaje.

Hans Haacke: ...implícita o explícita. Puede que se sientan reforzados en
sus opiniones cuando se dan cuenta que no son los únicos en pensar así. Nos
place encontrar cualquier cosa que nos ayude a articular nuestras ideas
difusas y darles una forma más nítida. Así que predicar la conversión -como
se suele decir- no es del todo una pérdida de tiempo. Buena parte de la
publicidad y todos los candidatos a una elección lo hacen, y no les falta
razón. Frente a los simpatizantes hay gente en desacuerdo, entre ellos los
que intentan eliminar mi obra -hay muchos ejemplos espectaculares. Las
tentativas de censura demuestran, cuando menos, que los censores piensan que
la exposición de mis obras puede traer consecuencias. Entre esos dos
extremos, hay un público curioso, pero sin una opinión fija. Y entre ellos
mi obra encuentra gente dispuesta a reexaminar sus posiciones. Correspoden,
grosso modo, con ese público flotante que los expertos en marketing o
relaciones públicas consideran el encargado de aumentar el mercado de un
producto o de una opinión. Es también en ese sector «flou» donde se sitúa
buena parte de la prensa. Aunque evidentemente se trata de un esquema muy
general.

En el grupo de los que se interesan prioritariamente por eso que hemos
venido llamando "forma" -y cada vez que empleo esta dicotomía, para mí
tramposa, me siento mal-, hay un grupo importante de estetas que piensan que
toda referencia política contamina el arte, introduciendo aquello que
Clement Greenberg llamaba ingredientes "extra-artísticos". Para estos
estetas, esto es periodismo, o peor: propaganda, comparable a la propaganda
estalinista o a la de los nazis. Ignoran, entre otras cosas, que mi trabajo
está muy lejos de ser apreciado por el poder. En el origen de su argumento
está la hipótesis de que los objetos que constituyen la historia de arte han
sido producidos en un vacío social, y consecuentemente no revelan nada sobre
el entorno de su nacimiento. La verdad es en cambio que los artistas son muy
conscientes de las determinaciones sociopolíticas de su tiempo. Muy
frecuentemente, ellos producen sus obras para servir a objetivos muy
específicos. La situación en Occidente se ha vuelto muy compleja desde el
siglo XIX, con la desaparición de los encargos eclesiales y la realeza. Pero
ya el arte de la burguesía de los países bajos en el XVII demostró que
continuaba siendo una manifestación de ideas, actitudes y los valores del
clima social colectivo y de los personajes específicos de su tiempo. Y nada
ha cambiado en eso. Las obras de arte -y quiéranlo o no los artistas- son
siempre expresiones ideológicas: incluso si no están hechas para clientes
identificables en un momento dado. En tanto marcas de poder y capital
simbólico -espero que la utilización de sus términos sea correcta- esas
obras cumplen un papel político. Muchos de los movimientos del arte de este
siglo -pienso en fracciones importantes de los constructivistas, dadaistas y
del surrealismo- tenían objetivos explícitamente políticos. Me parece que
una insistencia específica sobre la "forma" o el "mensaje" supondría una
especie de separatismo. Tanto una como otro son altamente políticas. Por lo
que se refiere a la función de propaganda de todo arte, me gustaría añadir
que la significación y el impacto de un objeto nunca está fijado a
perpetuidad. Depende siempre del contexto en el que se analiza.
Afortunadamente, la mayoría de la gente no se conforma con la presunta
pureza del arte. Es evidente que en el mundillo del arte se interesan muy
particularmente por las cualidades específicamente visuales de mi trabajo:
se preguntan cómo ellas se inscriben en la historia del arte y si desarrollo
formas nuevas, procedimientos nuevos. Se es más hábil para descifrar las
formas en tanto que significantes, y hay una apreciación mlara de las
técnicas. De modo que las gentes que son capaces de identificar las
alusiones políticas, los simpatizantes de mi mundillo, gustan de encontrar
las referencias a la historia del arte, inaccesibles a los profanos. Creo
que una de las razones por las que mi trabajo es reconocido por un público
tan diverso es que ya dos fracciones que yo he distinguido tan
groseramente -evidentemente, la cosa es más compleja- tienen pese a todo la
certeza de que las "formas" expresan un "mensaje"; y que el "mensaje" no se
transmitiría sino a través de una "forma" adecuada. La integración de ambos
elementos es lo que cuenta.

Pierre Bordieu: ¿Quiere Vd. decir que, incluso cuando privilegian uno de los
dos aspectos, intuyen confusamente la presencia del otro?

Hans Haacke: Sí, eso creo.

Pierre Bordieu: ¿Y que perciben que sus obras son doblemente necesarias:
desde el punto de vista del mensaje y desde el de la forma, y de la relación
entre ambos?

Hans Haacke: Lo que también cumple un papel importante es el contexto. El
contexto en el que el público se encuentra con mi obra. Hay una diferencia
entre encontrarlo en lugares públicos, como en Graz, Munich o Berlín, y
encontrarlo en museos o, incluso para audiencias más especializadas, en las
galerías de arte. Las dos últimas categorías de audiencia consideran sin
duda mi obra como arte, aunque discutan su calidad artística -como hace
Hilton Kramer. En cambio, los peatones que se lo encuentran en la calle lo
miran de otra manera.

A menudo yo trabajo deliberadamente para un contexto específico. Así que el
entorno social y político del lugar de exposición cumple un papel, tanto o
más que la propia arquitectura del espacio. Las circunstancias simbólicas
del contexto son muy frecuentemente mi material esencial. Un trabajo
realizado específicamente para un lugar dado, por tanto, no puede ser
desplazado y mostrado igualmente en cualquier otro. Por lo mismo, la
significación de los elementos físicos dependen a menudo de su contexto. Que
no es necesariamente estable. Por ejemplo, la estrella de neón de Mercedes
girando sobre un gran edificio que nos encontramos entrando en París por el
Norte en tren no significa lo mismo que esa misma estrella en lo alto del
Europa Center de Berlín (sobre todo, depués de la caída del Muro), o esa
misma estrella colocada por mí en uno de los miradores de las
fortificaciones del mismo muro.

Pierre Bordieu: Ese es uno de los tópicos que la autonomización del arte ha
roto: el efecto museo arranca la obra de cualquier contexto, reclamando la
mirada "pura". Es también ese reencuentro con el contexto lo que su obra
restablece. Lo que Vd. dice tiene en cuenta la circunstancia en que se dice.
El buen lenguaje es el que cumple a un propósito y lo alcanza eficazmente.
Es eso lo que hace del ejemplo de Graz un caso extraordinario, justamente el
tratamiento que el público da a la obra; es un poco como si Vd. hubiera
provocado a las gentes a quemar la obra. ¿Había Vd. previsto algo así?

Hans Haacke: No desde luego la bomba incendiaria. Pero habíamos tomado
precauciones, por supuesto. Había guardianes durante la noche. Sea cual sea
el carácter de una escultura contemporánea, tenemos suficiente experiencia
como para saber que por el mero hecho de estar en el espacio público invita
al vandalismo.

Por lo que se refiere al trabajo para un contexto dado, me gustaría añadir
que, como ocurre con múltiples otras cuestiones que atañen a la teoría y
sociología del arte, tiene un precedente en la obra de Duchamp. Cuando
presentó su «Fuente» en la exposición de los Independientes anónimamente, la
planteó deliberadamente para un contexto específico. Lo sabía bien, porque
era miembro de esa sociedad neoyorquina y podía imaginarse las reacciones de
sus colegas. Y jugó con ellas...

Pierre Bordieu: Sí, pero paradójicamente hacía un poco lo contrario de lo
que Vd. hace. Se servía del museo como contexto descontextualizador, si se
puede decir. Es decir: tomamos un urinario y, por el hecho de colocarlo en e
museo, alteramos su naturaleza en tanto el museo va a operar sobre él el
efecto que produce sobre todos los objetos expuestos. Ya no es un tríptico o
un crucifijo ante el que se va a orar, sino una obra de arte que vamos a
contemplar.

Hans Haacke: Hoy por hoy es una reliquia, pero en 1917 fue un escándalo.
Para empezar, Duchamp logró desenmascarar los criterios de sus colegas, que
pedían que ese objeto fuera excluido del universo artístico. Cuando su amigo
Arensberg lo compró, los criterios cambiaron. De golpe, ese urinario fue
contemplado como diferente a todos los otros cientos de urinarios que podían
comprarse -seguramenente más baratos- en cualquier tienda de sanitarios de
Nueva York. Pero su significación había cambiado. De esa forma Duchamp había
desvelado para la historia las reglas del juego, el poder simbólico del
contexto...

Pierre Bordieu: Pero Vd. minimiza la novedad de lo que Vd. hace en
comparación a aquello. Por supuesto que participa de la misma lógica. Pero
usted reintroduce un contexto que ya no es únicamente el museo, sino la
Villa de Graz, sus habitantes, los nazis, ...

Hans Haacke: Creo que la mayoría de los que pasean por Graz se relacionan
con mi trabajo no tanto como arte, sino como manifestación política. De tal
forma que su incendio también tuvo que ser contemplado como una acción
política. Sólo en el contexto del mundillo cultural se interpretó también
como un atentado contra el arte. Si un artista sale de su medio, como yo
hice en Graz -y no fuí el único- entonces implica simultáneamente varias
esferas sociales diferentes. Las categorías de clasificación a las que
estamos acostumbrados saltan por los aires.

Me parece que la "guetización" del arte es un fenómeno reciente. Hubo
tentativas de salir por parte de Tatlin, Heartfield y otros. Rodchenko
concebía la propaganda como fusión del arte y la acción social. Pero esas
tentativas pasaron ya a formar parte de la historia del arte. Los museos,
las galerías y las colecciones privadas acuerdan los valores simbólicos -y
por supuesto también económicos- de ciertos objetos, y les ofrecen un
espacio protegido importante e incluso una tribuna. Pero después de todo
este tiempo, queda un cierto malestar. Me pregunto si ese sentimiento no
tiene su origen en una cierta comprensión romántica de la situación del
arte, y en un malentendido profundo a propósito del papel que cumple ese
gueto separado de lo artístico en la práctica contemporánea -y pienso si no
hay una contradicción entre los términos "gueto" y "tribuna" que he
utilizado. ¿Qué interés tendrían las empresas en esponsorizar un enclave
cerrado? ¿Por qué el senador Helms y los neoconservadores se afanan tanto en
lo que ocurre por aquí? ¿Y cómo se explica que el puesto de director del
Beaubourg o del Whitney de NY no sean concebidos como meros puestos
administrativos, que podrían ser cubiertos por cualquier antiguo alumno de
la escuela de arte o la Academia del Louvre y sus equivalentes en los
Estados Unidos?

Pierre Bordieu: ¿Puede extenderse sobre estas alusiones?

Hans Haacke: Hay un debate sobre la dirección de los museos que va más allá
de lo que se dice cuando se les acusa de ser sucursales de los marchantes de
NY u otros lugares. Quienes hablan del contexto en que las obras son creadas
suelen ser acusados de marxistas, etiqueta altamente estigmatizante. La
práctica más habitual consiste en descontextualizar los objetos, como si se
tratara de presentar colecciones de mariposas exóticas. Esa forma de
concebir los museos elude toda consideración del campo social del que
provienen las obras -y aunque los creadores aludan a él. Sin duda es una
práctica políticamente prudente. Pero conlleva la neutralización del arte.

Las instituciones artísticas, un poco como las escuelas, son lugares de
formación. Influyen en nuestra forma de vernos a nosotros mismos y de
considerar las relaciones sociales. Y como en otras sucursales de la
industria de la conciencia, nuestros valores se negocian en ella de modo
sutil. Si se quiere, es un campode batalla en que se enfrentan distintas
concepciones ideológicas de lo social. El mundo del arte, contrariamente a
lo que se cree, no es un mundo aparte. Lo que en él sucede expresa la
sociedad global y sus repercusiones. En tanto las relaciones no son
mecánicas y la complejidad de los frentes no permite una identificación
inequívoca, no es fácil demostrar esa interdependencia arte-sociedad.
Funciona menos en los detalles que a nivel del clima social. Pero como ya la
metáfora metereológica sugiere, lo que ocurre en las geografías particulares
no puede olvidarse. El concepto de clima es débil, pero estoy seguro de que
es así, de un modo casi imperceptible, como se deciden las direcciones
globales que adopta nuestra sociedad.

Pierre Bordieu: Dicho lo cual se entiende que, según las formas del arte, el
corte, la separación entre arte y sociedad, sea mayor o menor. De hecho hay
formas artísticas que instituyen ese corte, que viven de él.

Hans Haacke: Pero incluso ésas tienen una influencia sobre eso que hemos
llamado el clima...

Pierre Bordieu: Al menos negativamente. No haciendo lo que podrían hacer...

Hans Haacke: A comienzos de los años 80, una docena de años más tarde de la
revolución cultural de los 60, hubo un resurgir de la pintura
neo-expresionista. La llegada de esa moda, acompañada del retorno de la
pintura tradicional al primer plano de la escena artística, señaló al mismo
tiempo el declive de un período rico de experimentación, análisis y
compromiso social. Siguiendo la moda, la Documenta de 1982 postuló, grosso
modo, la restauración del mundo mítico, del individuo contra lo social, del
artista semi-dios que plantea su desafío al mundo, del Rambo. Eso se
correspondió con la llegada en los Estados Unidos de Reagan a la Casa Blanca
y poco después de Kohl a la cancillería alemana. Margaret Thatcher ya estaba
desmantelando el estado del bienestar en beneficio de la libre empresa,
mientras su amigo americano se preparaba para defenderse del Imperio del Mal
en la Guerra de las Galaxias. Charles Saatchi, el patron del emporio
publicista que hacía las campañas de Maggie compró masivamente la nueva
pintura, contribuyendo así a elevar su cotización. Por supuesto que el
trabajo «no chic» continuó haciéndose subterráneamente, en la oscuridad, y
hubo jóvenes que se implicaron en nuevas tentativas críticas que no serían
reconocidas hasta mucho más tarde. Sería injusto acusar a los artistas o al
entorno que hizo fortuna en esas circunstancias de, conscientemente, haber
apoyado la política de los conservadores en el poder. Pero por lo menos a
nivel de clima, creo que hubo una colaboración4 de mutuo beneficio.





Notas
Este texto recoge dos epígrafes de una larga conversación entre Haacke y
Bordieu publicada originalmente en Libre-echange, Seuil, Paris, 1994.
1 "A word from our sponsor", Newsweek, 25 Nov 85, p. 98. (HH).
2 Alaijn-Dominique Perrin, "Le mécénat français: la fin dun préjugé"
interview de Sandra dAboville,Galeries Magazine, num. 15, Paris, Oct-nov,
1986, p. 74 (HH).
3 Robert Dranton, Bohème littéraire et Revolution. Le monde des livres au
xviii siecle, Gallimard-Seuil, 1983.
4 Diez años más tarde, Jan Hoet, el director de la Documenta de 1992,
excluyó formalmente toda obra con alusiones políticas explícitas. En cambio,
optó por lo que llamaba el misterio, lo infamiliar... (HH).

martes, octubre 18, 2005

Catedra latinoamericana

(Me enviaron esta informacion y la pongo para el ke le interese)

http://www.nossa.unal.edu.co/

Los días 18, 19, 20 y 21 de octubre de 2005 se llevará a cabo la
*Semana** de Pensamiento Libertario* en la ciudad de Bogotá, a continuación enviamos la programación para l@s interesad@s:**


"Tendencias del pensamiento libertario"

Iván Álvarez

Martes 18 de Octubre / 6pm

Centro Cultural Piso 3 (Av cll32 #13-45)



"Historia del anarquismo en Colombia"

Miguel Eduardo Cárdenas

Miércoles 19 de Octubre / 6pm

Centro Cultural Piso 3 (Av cll32 #13-45)



"Perspectiva crítica del anarquismo en Colombia"

Leopoldo Múnera

Jueves 20 de Octubre / 6pm

Sinaltrainal (Cr 15 #35-18)



"Foro para el debate y la acción"

Colectivos convocantes
participantes

Viernes 21 de Octubre / 6pm

Sinaltrainal (Cr 15 #35-18)



Invitan: Contracultura / CLAS / Ecomutual / TEA /
Persistencia

El pensamiento libertario es múltiple, escapa a
todo intento de totalización en el discurso y en la práctica; eshorizontal, rechaza toda forma de vanguardia revolucionaria parasustentarse en la emergencia autónoma de los discursos y lasresistencias locales; es reflexivo y transformativo, no consiste en laasimilación acrítica de un cúmulo de teorías y discursos ya constituidos, poreso niega la adoctrinación y el pensamiento masificado, dandocabida a la reflexión colectiva que, como elemento fundamental de transformación, implica la interpretación libre de los sujetos sobre susproblemáticas directas y locales, como la construcción autónoma de discursos,de formas de acción y resistencia; el pensamiento libertario es activo y antiautoritario,rechaza la distinción jerárquica entre los que piensan y los que hacen, entre los "intelectuales" y el "pueblo", entre"dirigentes" y "dirigidos", para integrar el pensamiento reflexivoy la acción directa como elementos propios de la practica políticalibertaria, reivindicando el saber, los discursos y las experiencias vitalesde todos aquellos que resisten desde su autonomía; el pensamientolibertario es afirmativo y transgresivo, no se limita a la denuncia critica delas diferentes formas de sometimiento de los sujetos, construyecolectivamente, propone y constituye alternativas anticapitalistas,practicas y procesos de resistencia locales que trasgreden el ordenamientoen la realización liberadora de la autonomía de los sujetos en lucha.Multiplicidad, horizontalidad, reflexión transformativa,vinculación necesaria con la acción, antiautoritarismo, construcción colectiva ytrasgresión son algunos elementos que integran el pensamientolibertario para que este pueda presentarse como una herramienta para laacción autónoma de los sujetos.
El pensamiento libertario, como herramienta para la acción autónoma delos sujetos, no puede ser comprendido desde unaabstracción teórica, su vinculación con la acción implica que tenga que serconcretizado para ser plenamente comprendido pero, además, desde suconcreción histórica directa, el pensamiento libertario debe ser recreadoy reconstruido, de lo contrario, seria pensamiento muerto incapaz degenerar acontecimientos políticos liberadores.La invitación de esta SEMANA DE PENSAMIENTO LIBERTARIO es a acercarnos a una tendencia del pensamiento político contemporáneo sustentada en la autodeterminación y la autonomía de todos y todas, a recrear los discursos y las practicas desde la reflexión colectiva y a construir el camino de la resistencia autónoma y horizontal.

sábado, octubre 08, 2005

Una pregunta en el centro de la tormenta

http://bolivia.indymedia.org/es/2004/04/8312.shtml

Una pregunta en el centro de la tormenta

Wilfredo Gutiérrez (17/04/2004 15:37)

LO QUE CONTINÚA SIENDO CENTRAL EN LA ENTREVISTA DE 1971 HASTA EL DÍA DE HOY ES LA PREGUNTA DE FOUCAULT SEGÚN LA CUAL ...

La presentación de la entrevista de 1971 entre Noam Chomsky y Michel Foucault sobre los problemas de la naturaleza humana y la justicia es de un gran servicio a los participantes en estos medios. Es una contribución de pensamiento muy acertada para nuestras reflexiones y contradiciones que cargamos sobre los acontencimientos del mundo de hoy.

Estoy escribiendo estas líneas para compartir mi impresión sobre el texto de la entrevista, pero especialmente para destacar de su contenido un par de puntos de contradicción que considero cruciales sobre el asunto.

PRIMER PUNTO DE CONTRADICCIÓN:

Chomsky, como yo interpreto su perspectiva, tiende a enfatizar un concepto de “naturaleza humana” que confía grandemente en el individuo. Y aunque él no ignora que es un concepto socialmente y culturalmente limitado, su argumento principal es que “el impulso creativo” es “intrínseco de la naturaleza humana.” De esta posición se desprende que las visiones y las metas para la construcción de una sociedad más justa dependen en gran parte de la “creatividad” individual, o las bondades y libertad y dignidad del individuo.

Foucault, en cambio, mira un peligro en esa posición. Su argumento es que vivimos en un mundo que le ha negado a la naturaleza humana “los derechos y posibilidades” para su realización plena; y por lo tanto, el modelo ideal de una sociedad más justa no podría ser definido ni depender únicamente de una naturaleza humana que es “real e ideal” al mismo tiempo. Por estas razones, Foucault, en vez de confiar en las definiciones de un “modelo social ideal,” se inclina por argumentar que la tarea urgente e inmediata es identificar las relaciones ocultas de “poder político” que controlan, oprimen, y reprimen el cuerpo social.

SEGUNDO PUNTO DE CONTRADICCIÓN:

La perspectiva individualista de “naturaleza humana” de Chomsky enchufa coherentemente con su posición institucionalista de justicia. Chomsky se pronuncia en favor de ciertos actos que el Estado califica de “ilegales” o de “desobediencia civil” pero que para él son o podrían ser “legales” o justos y apropiados, tales como “descarrilar un tren de municiones que va hacia Vietnam,” etc.

Su posición institucionalista tiene como punto de partida la dicotomía legalidad versus ilegalidad del orden imperial establecido. Y es por éso que afirma que “la ley durante su larga existencia representó ciertos valores humanos, que son decentes valores humanos, y la ley existente, correctamente interpretada, permite más de lo que el estado prohibe.” En esencia, su argumento es que “hay que explotar las áreas dentro de las cuales la ley está formulada adecuadamente y quizá luego actuar directamente contra aquellas áreas dentro de las cuales la ley, simplemente, ratifica algún sistema de poder.”

Pero me gustaría preguntarle, dice Foucault, ¿CUANDO, EN ESTADOS UNIDOS, USTED COMETE UN ACTO ILEGAL, JUSTIFICA EL HACERLO EN TÉRMINOS DE JUSTICIA O DE UNA LEGALIDAD SUPERIOR, O JUSTIFICA EL HACERLO POR LA MISMA NECESIDAD DE LA LUCHA DE CLASES…? Esta pregunta, la cual para mí constituye lo que continúa central de la entrevista de 1971, es precisamente lo que está en el centro de la tormenta de los acontecimientos de hoy.

La contradicción existe porque Chomsky tiende a criticar la justicia del orden establecido “en nombre de una justicia más pura,” como dice Foucault. Pero el sentido de la lucha, de acuerdo a Foucault, es contra “un tipo de justicia” que es “injusto” porque tiene intenciones “como instrumento de poder,” y por lo tanto, esa lucha “ES PARTE DE LA LUCHA DE CLASES.” En otras palabras, Foucault nos está diciendo que podría ser absurdo esperar que esa JUSTICIA INJUSTA se vaya a terminar algún día por la buena voluntad de un individuo que tiene una “justicia más pura” o un talento “intrínsecamente” más “creativo” en la cabeza.

DISCUSIÓN FINAL:

En estos tiempos cuando Chomsky, incluso Howard Zinn, ha dado su respaldo al candidato presidencial John Kerry porque, según Chomsky, Kerry es “una fracción” mejor que su rival George W. Bush, no debería ser un misterio entender las posiciones individualista de “naturaleza humana” e institucionalista de “justicia” de Chomsky. Y sobretodo porque las pequeñas diferencias, según Chomsky, “pueden convertirse en grandes resultados,” como escribió Matthew Tempest en The Guardian.

Quizá “el gran anarquista,” como lo llamó Johnnie Smoltz, piensa, junto con Zinn, que la diferencia entre los dos líderes del imperio constituye un “mal menor” que es justificado para que Kerry gane la elección presidencial en Noviembre. O porque quizá Kerry es poseedor de una “justicia más pura” y más “creativa.” Pero como sabemos, Kerry y Bush, los dos, SON EN ESENCIA la misma cosa. Kerry por ejemplo ha dicho una sarta de mentiras sobre Venezuela sin importarle poner en ridículo su gran ignorancia sobre lo que pasa en ese país pero con el objetivo de apoyar a la oligarquía vendepatria para derrocar al presidente Chávez. En vez de un “mal menor,” el hombre podría ser un “mal peor” ya que además mantiene un número de posiciones de política exterior que se ubican a la derecha de Bush y sus compinches ultraconservadores.

No es una casualidad que James Petras haya preguntado “¿Dónde están los intelectuales occidentales en estos momentos cuando el pueblo iraquí se levanta con las armas en la mano para resistir al Frankestein norteamericano?” Sobretodo cuando estos intelectuales dicen que se oponen a la guerra “mientras agitan las alcancías para apoyar al candidato Kerry que apoya la guerra y aún más, exige el envío de 40,000 soldados” a Irak.

En España, si alguna gente piensa que Zapatero es un presidente al estilo “mal menor” de Kerry (Chomsky), está bien que lo piensen. Pero no olviden la diferencia fundamental: Zapatero se ha pronunciado públicamente por retirar las tropas españolas de Irak, no por enviar más como Kerry. Y éso es una posición política de alta responsabilidad y honor por la cual ganó la presidencia. Si Zapatero se recula de su posición, dejemos que la historia se encargue de decirnos si el hombre colocará su honor político en alta estima o por el suelo.

Lo que hay que destacar en la posición de Foucault es que él, al igual que Marx, tiende a enfatizar el REINO SOCIAL como la fuente de explicación de la naturaleza humana y la acción política. Como bien lo dice Marx en su Contribución a la Crítica de la Economía Política, “No es la conciencia de los hombres que determina su existencia, sino por el contrario, su existencia social determina su conciencia.” Y es por éso que cualquier “modelo ideal” de sociedad y de justicia siempre estará mediatizado por las relaciones ocultas del poder político social.

No es extraño que a Cuba, por ejemplo, las posiciones institucionalistas le piden MÁS de la cuenta, ignorando las relaciones ocultas del poder, internas y externas, que limitan el proyecto socialista, pero no por lo cual, la nación cubana deja de ser una sociedad socialista y más justa como realmente lo es. Tampoco es extraño que a Estados Unidos, las posiciones institucionalistas le pidan MENOS de la cuenta, ignorando las relaciones ocultas del poder, internas y externas, que limitan el proyecto capitalista, pero no por lo cual, deja de ser una sociedad individualista e injusta como realmente lo es.

En este contexto, uno podría preguntar: ¿Pero qué tiene que ver lo que estamos discutiendo con el hecho que Chomsky le haya dado su respaldo a un candidato presidencial del imperio? Obviamente mucho. Pero haré a un lado todo eso de la “vergüenza” para el anarquismo, o el gran “gurú de la izquierda,” etc. En la POSDATA de la entrevista, Chomsky intenta agregar algo más sobre el asunto, pero en realidad lo que hace es reforzar su posición. Chomsky dice: “Si el único objetivo de la dictadura del proletariado es meter al resto del mundo en hornos crematorios, no está justificada. Sólo lo estará si permite poner fin a la opresión de clases. No estábamos de acuerdo, porque donde yo hablaba de justicia, él [Foucault] hablaba de poder.”

Como podemos ver, Chomsky no acepta la primordialidad de la lucha de clases porque al concentrarse en una “justicia más pura,” o en un “modelo ideal” sin opresión de clases, desprecia la tarea fundamental de identificar las relaciones ocultas del poder político que mantienen esa opresión. Chomsky trata de separar lo que no se puede separar. La justicia y el poder no pueden ser separados. La justicia, en el orden imperial establecido, es una justicia injusta porque es un instrumento de poder, y por lo tanto, aquella tarea primordial no puede ser ignorada.

Siento mucho que la conclusión de todo esto sea tan inevitable y que llegue al colmo del siguiente grado: ¿Será que Chomsky espera que la dictadura del capital y la opresión de clases se vayan a terminar algún día cuando Kerry llegue a ser el presidente del imperio?

--Wilfredo Gutiérrez.
-------------/
e-mail: bwg2001@hotmail.com

Chomsky Vs Foucault: Naturaleza Humana y Justicia

http://acp.sindominio.net/article.pl?op=Print&sid=04/04/12/2045227&mode=thread

Monday, 12 April 2004

Chomsky Vs Foucault: Naturaleza Humana y Justicia


Por anónimo

Transcripción de la entrevista de 1971 entre Noam Chomsky y Michel Foucault. A pesar de que hayan pasado treinta años, los temas siguen siendo centrales.


EXTRACTO DE UN DIÁLOGO ENTRE NOAM CHOMSKY Y MICHEL FOUCAULT EN EL AÑO 1971.

(MODERADO POR FONS ELDERS). Elders: Bueno, haremos lugar ahora a la segunda parte de la discusión, la política. Primero de todo, me gustaría preguntarle al Sr. Foucault por qué está él tan interesado en política, ya que, él me dijo que de hecho, gusta más de la política que de la filosofía.

Foucault: Nunca me he referido, en cualquier caso, a la filosofía. Pero eso no es un problema. (risas de Foucault) Su pregunta es: Por qué estoy yo, tan interesado en política. Pero si yo le contestara muy simplemente, le diría esto: por qué no debo estar interesado?. Esto es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de la ideología, habría de sobrecargarme para evitar que continúe interesado en el que es probablemente el tema más crucial de nuestra existencia, es decir, la sociedad en la cual vivimos, las relaciones económicas dentro de las cuales esto funciona y el sistema de poder que define las formas de regulación y los permisos y prohibiciones habituales de nuestra conducta?. La esencia de nuestra vida consiste, después de todo, en el funcionamiento político de la sociedad en la cual nos encontramos. Entonces no puedo contestar su pregunta sobre por qué estoy interesado; puedo sólo contestar por la pregunta por qué no debería estar interesado?.

Elders: Está obligado a estar interesado, no es eso?.

Foucault: Si, al menos, no hay nada extraño aquí sobre cuál es el valor de la pregunta o la respuesta. No estar interesado en política, eso es lo que constituye el problema. Entonces en lugar de preguntarme a mí, debería preguntarle a alguien que no se interese en política y después de su pregunta teniendo buenos fundamentos, estaría en lo correcto al decir “ por qué, maldito, no estás interesado?”. ( risas de ambos).

Elders: Bueno, sí, quizás. Sr. Chomsky, estamos muy interesados en conocer sus objetivos políticos, especialmente con relación a su bien conocido anarco-sindicalismo o, como usted lo llama, socialismo libertario. Cuáles son las metas más importantes para su socialismo libertario?.

Chomsky: superaré el impulso a contestar a una pregunta anterior muy interesante que me hizo y cambió por esta. Comenzaré por referirme a algo que ya hemos discutido, esto es, si es correcto, como creo lo es, que el elemento fundamental de la naturaleza humana es la necesidad del trabajo creativo o de la investigación creativa, a favor de la libre creación, sin los efectos de los límites arbitrarios de las instituciones coercitivas, entonces por supuesto a esto seguirá que una sociedad decente debería maximizar las posibilidades para que las características fundamentales de los seres humanos sean realizadas. Esto significa tratar de superar los elementos de represión y opresión y destrucción y coerción que existen en cualquier sociedad actual, las nuestras por ejemplo, como residuo histórico. Ahora cualquier forma de coerción o represión, cualquier forma de control autocrático en algún ámbito de la existencia, restricción autocrática sobre alguna área del esfuerzo humano, puede ser justificada, si es que se hace, sólo en términos de la necesidad de subsistencia, o de la necesidad de sobrevivir, o la necesidad de defensa contra alguna muerte horrible, o algo parecido. Eso no puede estar justificado intrínsecamente. Algo así debe ser superado y eliminado. Y pienso que, al menos en las sociedades tecnológicamente avanzadas del Oeste, ahora estamos ciertamente en una posición dónde la servidumbre sin sentido puede en su mayor parte ser eliminada, y en la medida en que lo marginal sea necesario, puede ser compartido entre la población; en donde el control autocrático centralizado, en primer lugar, las instituciones económicas en las cuales siento otro capitalismo privado o totalitarismo estatal o la mezcla de formas variadas del capitalismo del estado que existe aquí y allí, a sido un destructivo vestigio de la historia. Son todos vestigios que tienen que ser derrocados, eliminados a favor de la directa participación en la forma de consejo de trabajadores, u otras asociaciones libres de individuos constituidas por ellos mismos con el propósito de su existencia social y su labor productiva. Ahora, un descentralizado sistema federado, de libre incorporación de asociaciones económicas tanto como instituciones sociales sería lo que yo refiero como anarco-sindicalismo. Y me parece que esto es la forma apropiada de organización social para una sociedad tecnológicamente avanzada, en la cual los seres humanos no han de ser forzados a la posición de instrumentos, a piezas insignificantes del engranaje. Ya no hay más necesidad social alguna para el ser humano, a ser tratado como un elemento mecánico dentro del proceso productivo, que puede ser superado, y debemos superarlo, por la libertad de la sociedad y la libre asociación, en las cuales el impulso creativo que considero intrínseco de la naturaleza humana sea una realidad capaz de realizarse a ella misma de cualquier manera. Y además, estimado Sr. Foucault, no veo ómo algún ser humano puede no estar interesado en esta cuestión ( risa de Foucault).

Elders: Cree, Sr.Foulcault, que podemos llamar a nuestra sociedad democrática, después de escuchar la declaración del Sr. homsky.

Foucault: No, yo no tengo la menor confianza que uno pueda considerar a nuestra sociedad democrática. ( risas de Foucault)... Si uno entiende por democracia el efectivo ejercicio del poder por una población en la que nadie esté dividido u ordenada jerárquicamente en clases, es absolutamente claro que estamos muy lejos de la democracia. Es también claro que vivimos bajo un régimen de dictadura de clases, un poder de clases que se impone a sí mismo mediante la violencia, siempre cuando los instrumentos de esa violencia son institucionales y constitucionales, y hasta que punto en cuanto a eso no hay una pregunta desde la democracia para nosotros. Bien. Cuando usted me pregunta por qué estoy interesado en política, me niego a responder porque me parece evidente, pero quizá su pregunta era Cómo estoy interesado en esto? Y me ha preguntado eso, y en cierto sentido tendría que decirle, tendría que decirle que estoy mucho menos avanzado en mi camino, contribuyo menos que el Sr. Chomsky. Esto es decir que admito no poder definir, o no poder proponer fuertes razones, de un modelo social ideal para el funcionamiento de nuestra sociedad científica y tecnológica. Por otra parte, una de las tareas que me arece inmediata y urgente, además de todas las demás, es esta: que debemos indicar y demostrar, desde dónde se ocultan las relaciones de poder político que actualmente controlan el cuerpo social y lo oprimen o reprimen. Que quiero decir con esto, esa es la cuestión, al menos en la sociedad europea, considerar que el poder está localizado en manos de los gobiernos y que este es ejercido a través de ciertos números de instituciones particulares, tales como la administración de la policía, del ejército y del aparato del estado. Uno sabe que todas esas instituciones son hechas para elaborar y trasmitir un cierto número de decisiones, en nombre de la nación o del estado, para luego aplicar las sanciones a quienes no las obedecen. Pero creo que el poder político también se ejerce a través de la mediación de ciertos números de instituciones las cuales hacen ver como si no tuvieran nada en común con el poder político, y como si fueran independientes de este, cuando no lo son. Uno sabe esto con relación a la familia, y sabe que la Universidad, y de manera general, todos los sistemas de enseñanza, los cuales aparecen simplemente como trasmisores de conocimientos, están hechos para mantener cierta clase social en el poder, y excluir los instrumentos de poder de otras clases sociales. Instituciones de conocimiento, de prevención y cuidado, como la medicina, también ayudan a sostener el poder político. Además esto es obvio, incluso al punto de escándalo, en ciertos casos referidos a la psiquiatría. Me parece que la tarea real de la política en una sociedad semejante a la nuestra es criticar el trabajo de las instituciones, las cuales aparecen neutrales e ndependientes, criticando y atacándolas de la misma manera que a la violencia política, la cual siempre ha ejercido oscuramente a través de ellas, desenmascararlas de modo que uno pueda luchar contra ellas. La crítica y la lucha son esenciales para mí por diferentes razones: primero porque el poder político es mucho más profundo de lo que uno sospecha; hay centenares e invisibles puntos poco conocidos de soporte; su verdadera resistencia, su verdadera solidez está quizá dónde uno no lo espera. Probablemente es insuficiente decir que detrás de los gobiernos, detrás de los aparatos del Estado, está la clase dominante; uno debe ubicar los puntos de actividad, los lugares y las maneras en las cuales su control es ejercido porque ese control no es simplemente la expresión en términos de política de la explotación económica, ese es su instrumento y, en gran medida, la condición que hace esto posible; la ocultación de lo uno es lograda a través del exhaustivo discernimiento de lo otro. Bien, si uno no logra reconocer esos puntos de soporte de las clases dominantes, corre el riesgo de dejar que ellos continúen existiendo y de ver a esas clases dominantes reconstituirse incluso después de evidentes procesos revolucionarios.

Chomsky: Si, ciertamente estaría de acuerdo con eso, no sólo en teoría sino también en acción. Esto es, hay dos tareas intelectuales: una, que es la que está en discusión, es tratar de crear la visión de una futura sociedad justa; esto es crear, si usted quiere, una teoría social humanística que esté basada, si es posible, sobre algunos conceptos sólidos y bondadosos de la esencia humana o de la naturaleza humana. Esa es una tarea. Otra tarea es entender muy claramente la naturaleza del poder y la opresión, el terror, y la destrucción en nuestra propia sociedad. Y que ciertamente incluye a las instituciones por usted mencionadas, así como las instituciones centrales de cualquier sociedad industrial, a saber económica, comercial y financiera y en particular, en los tiempos que vienen, las corporaciones multinacionales, las cuales no están lejos de nosotros materialmente esta noche[ i.e., the Phillips Corparation at Eindhoven, Holland]. Son esas las instituciones básicas de reglas de opresión y coerción y autocracia que no parecen ser neutrales a pesar de todo lo que dicen: bien, somos sujetos de la democracia del mundo mercantil, y esto debe entenderse precisamente en términos de su poder autocrático, incluyendo desde el particular control autocrático hasta la dominación de la energía de mercado en una sociedad igualitaria. Indudablemente debemos entender estos hechos, y no sólo entenderlos también combatirlos. Así en realidad, en cuanto a que nos toca una propia complicación política, en la cual se emplea la mayoría de energía y esfuerzo de uno, me parece que ciertamente éste debe estar en ese campo. No quiero dar mi opinión personal acerca de esto, pero mi propia certeza está en ese campo y asumo que está en todos. Aún, creo que sería de una gran ignominia, poner fuera enteramente la labor algo más abstracta y filosófica tratando de unir las conexiones entre el concepto de naturaleza humana que otorga todo su alcance a la libertad y dignidad y creatividad y otras características fundamentales de los seres humanos, y relacionarlas con algunas nociones de la estructura social en las cuales esas características serían realizadas y en las cuales lo significativo de la vida humana pueda ocupar su lugar. Y de hecho, si nosotros pensamos en una transformación social o revolución social, sería por supuesto un absurdo, tratar de bosquejar detalladamente la meta que esperamos alcanzar, aún cuando conociéramos algo acerca de donde pensáramos ir, además tal teoría nos lo indica.

Foucault: Si, pero entonces no existe un peligro aquí? Si usted dice que cierta naturaleza humana existe, que en la sociedad actual aún no están dados los derechos y posibilidades que permitan a esa naturaleza humana la realización de sí misma... eso es realmente lo que usted a dicho, creo.

Chomsky: Sí.

Foucault: Y si uno admite esto, no se corre riesgo definiendo la naturaleza humana- la cual es al mismo tiempo real e ideal, y ha sido reprimida y escondida hasta ahora- en términos apropiados para nuestra sociedad, nuestra civilización, nuestra cultura? Tomaré un ejemplo para simplificar esto. El socialismo durante un cierto período, hasta fin del siglo XIX, y comienzos del siglo XX, admitió en efecto que en las sociedades capitalistas el hombre no había hecho realidad el pleno potencial para su desarrollo y propia realización. La naturaleza humana fue efectivamente alienada en el sistema capitalista. Y soñaba con una naturaleza humana finalmente liberada. Qué modelo se usó para concebir, proyectar, y eventualmente realizar esa naturaleza humana? Fue de hecho el modelo burgués. Considerando que una sociedad alienada fue una sociedad que, por ejemplo, dio dignidad de un lugar para el beneficio de todos, hacia una sexualidad tipo burgués, hacia una familia tipo burgués. Y además es muy cierto que esto es lo que ha pasado en la Unión Soviética y en las democracias populares: Un cierto tipo de sociedad ha sido reconstituido, ha sido transpuesta por la sociedad burguesa del siglo XIX. La universalización del modelo burgués ha sido la utopía en la cual tuvo vida la constitución de la sociedad soviética. El resultado es esto de lo que usted también dio cuenta, creo que es difícil decir qué es la naturaleza humana. No está ahí el riesgo de que nosotros estemos conduciendo a un error? Mao Tse-Tung habló de la naturaleza humana burguesa y de la naturaleza humana del proletariado, y consideró que no eran la misma cosa.

Chomsky: Bien. Vea usted, creo que en el ámbito intelectual de la acción política, que es, el ámbito que trata de construir una visión de una sociedad justa y libre sobre la base de algunas nociones de la naturaleza humana, enfrentamos los mismos problemas que enfrentamos en la acción política inmediata, es decir, por el momento impulsar a hacer algo, porque los problemas son demasiado grandes, y aún conociendo que todo lo que hacemos es sobre la base de una interpretación muy parcial de la realidad social, y la realidad humana en este caso. Por ejemplo, para ser totalmente concreto, mucha de mi propia actividad real tiene que ver con la guerra de Vietnam, y algo de mi propia energía se mueve dentro de la desobediencia civil. Bien, la desobediencia civil dentro de U.S. es una acción asumida a pesar de la considerable inseguridad acerca de sus efectos. Por ejemplo, amenazas al orden social en donde el poder, un argumento de poder, ocasiona fascismo; y que sería algo muy incorrecto( malo) para América, para Vietnam, para Holanda y para todos los demás. Usted sabe, si un gran Leviatán como Estados Unidos se volviera fascista, muchos problemas resultarían, de modo que es un peligro emprender este acto concreto. Por otra parte, hay un peligro mucho mayor en no asumir esto, o sea, si usted no asume eso, la sociedad de Indochina quedará hecha pedazos por el poder de América. A pesar de esa inseguridad uno tiene que decidir el rumbo a seguir. Bien, asimismo en el ámbito intelectual, uno está afrontando las incertidumbres que usted correctamente formula. Nuestro concepto de la naturaleza humana es ciertamente limitado, esto es en parte socialmente condicionado, forzado por nuestros propios defectos de carácter las limitaciones de la cultura intelectual en la cual vivimos. Aún así, es de crítica importancia que nosotros conozcamos que metas estamos tratando de alcanzar, si deseamos alcanzar algunas metas posibles. Y esto significa que tenemos que ser suficientemente audaces especular y crear teorías basándose en conocimientos parciales, en tanto que queden abiertas hacia fuertes posibilidades, y realmente probabilidades contundentes, que al menos en algunos aspectos estamos muy lejos de marcar.

Elders: - Bueno, quizá sería interesante indagar con más precisión en el problema de la estrategia( política). Supongo, a lo que usted denomina como desobediencia civil, probablemente igual, a lo que nosotros llamamos acción extraparlamentaria.

Chomsky: - No; pienso que va más allá de eso. Acción extraparlamentaria, incluiría digamos, una masiva demostración legal, pero la desobediencia civil está más limitada que toda la acción extraparlamentaria, ya que significa un directo desafío de lo que se presume, a mi punto de vista incorrecto, del estado siendo ley.

Elders: - Entonces, por Ej. , En el caso de Holanda, tenemos algo como un censo poblacional. Uno está obligado a contestar preguntas de un formulario oficial. Llamaría usted, desobediencia civil, al caso en el cual, uno rehusara completar ese formulario.

Chomsky: - Correcto. Sería un poco más prudente a cerca de eso, porque, retomando un tema importante que Foucault establece, uno no necesariamente, permite al estado definir qué es legal. Ahora el estado tiene el poder para imponer ciertos conceptos sobre que es legal, pero ese poder no implica justicia o incluso corrección; por eso el estado puede definir algo como la desobediencia civil y estar errado haciéndolo. Por ejemplo, en Estados Unidos, el estado define la desobediencia civil cuando, digamos, hacen descarrilar un tren de municiones que va hacia Vietnam, y se equivoca al definir esto como desobediencia civil, ya que es legal, justo y apropiado hacerlo. Es apropiado cumplir con las acciones que previenen los actos criminales del estado, igual de apropiado que cometer infracción a una orden de tránsito para prevenir un asesinato. Si yo tengo parado mi auto frente al semáforo en rojo y luego conduzco con luz roja, impidiendo que alguien ametralle a un grupo de personas, por supuesto que esto no es un acto ilegal, es una acción correcta y apropiada y, ningún juez sano lo condenaría por esa acción. Asimismo, mucho de lo que definen las autoridades del estado como desobediencia civil no lo es realmente: de hecho, es legal un comportamiento que viole las ordenes del estado, las cuales pueden o no ser órdenes legales. Pero pienso que uno debe ser lo suficientemente prudente acerca de las cosas que denomina ilegales.

Foucault: - Sí, pero me gustaría preguntarle. Cuando, en Estados Unidos, usted comete un acto ilegal, justifica el hacerlo, en términos de justicia o de una legalidad superior, o justifica el hacerlo por la misma necesidad de la lucha de clases, que es en la actualidad esencial para el proletariado y su lucha contra la clase gobernante?

Chomsky: - Bien, aquí me gustaría exponer el punto de vista, que es tomado por la Corte Suprema Americana y probablemente otros tribunales en semejantes circunstancias, esto es, intentar explicar la cuestión la más clara y estrictamente posible. Pensaría que, últimamente, tendría mayor sentido, en muchos casos, actuar contra las instituciones en una sociedad dada, si en ella, golpeamos al origen del poder y la opresión en esa sociedad. Sin embargo, la ley durante su larga existencia representó ciertos valores humanos, que son decentes valores humanos, y la ley existente, correctamente interpretada, permite más de lo que el estado prohíbe. Y, pienso que es importante explotar ese hecho.

Foucault: - Si..

Chomsky.-... es importante explotar, las áreas dentro de las cuales la ley está formulada adecuadamente y quizá luego actuar directamente contra aquellas áreas dentro de las cuales la ley, simplemente, ratifica algún sistema de poder.

Foucault:- Pero , pero yo..... Chomsky:-A ver si entendí ...

Foucault: - Mi pregunta era esta: cuando usted comete claramente un acto ilegal.....

Chomsky: -...el cual yo considero ilegal, no sólo el estado.

Foucault:- No , no , bueno , es el estado....

Chomsky:- ...lo que el estado tiene en cuenta como ilegal....

Foucault: - lo que el estado considera legal.

Chomsky:- Si

Foucault: - Está cometiendo ese acto en virtud de un ideal de justicia, o porque la lucha de clases lo hace útil y necesario?. Usted refiere a una justicia ideal, ese es mi problema.

Chomsky: - Repito, muy a menudo cometo actos que el estado considera ilegales y yo considero legales: esto es, yo considero al estado como criminal. Pero, en algunas circunstancias, eso no es real. Seré absolutamente concreto acerca de esto y propongo el área de la lucha de clases a la lucha imperialista, donde la situación es clara y sencilla. Tomo el derecho internacional, un instrumento muy débil por nosotros conocido, pero que a su vez, incorpora principios muy interesantes. El erecho internacional es, en muchos aspectos, el instrumento para los oderosos: esto es, una creación del estado y sus representantes. En el desarrollo de la estructura del derecho internacional vigente, no existía la participación por parte de los movimientos campesinos. La propia estructura del derecho internacional refleja este hecho y debe ser cuestionada; esto es, el alcance excesivo del derecho internacional en respaldo de las estructuras de poder es contundente, definido por ellos mismos como estado, en contra de los intereses de las masas populares. Este es un defecto fundamental del derecho internacional y pienso que uno está justificado al oponerse tanto al aspecto del derecho internacional que no tiene validez, como al aspecto que no tiene más alidez que la justicia divina de los reyes. Esta es simplemente una herramienta de dominio para conservar su poder. Pero, por cierto, el derecho internacional no es únicamente de este tipo. Y, de hecho, hay puntos interesantes del derecho internacional, por ejemplo, arraigados en os principios de Nuremberg y en la Carta de las Naciones Unidas, los cuales, creo requieren, la necesidad de que el ciudadano actúe contra su propio estado, en cuyo caso el estado falsamente considerará ( al iudadano) como criminal. Sin embargo, está él actuando legalmente, porque el derecho internacional además prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza en los asuntos internacionales, excepto bajo algunas pocas circunstancias, entre las cuales, por ejemplo, la guerra de Vietnam no es un caso. En el caso particular de la guerra de Vietnam, el significado que más me nteresa, es la capacidad criminal de los Estados Unidos.Y las personas tienen el derecho de frenar a los criminales que cometen asesinatos. Justo porque el criminal hace llamar sus acciones ilegales cuando usted intenta ponerle un freno, eso no significa que sea ilegal. Un caso perfectamente claro de esto es, actualmente el papel del Pentágono en los stados Unidos que, supongo usted ya conoce. Restringirlo es esencial y olvidando los legalismos, lo que está sucediendo es que, el estado está tratando de procesar a las personas por exponer estos crímenes. Esto es lo que viene a ser. Ahora, obviamente esto es un absurdo, y uno no debe prestar atención a nada de ello, que apunta a distorsionar procesos judiciales razonables. Es más, pienso que existen sistemas legales que explican, incluso, por qué esto es absurdo. Pero, si no se aplican, debemos oponernos nosotros al sistema de la ley.

Foucault: - Entonces es en nombre de una justicia más pura que usted critica el funcionamiento de la justicia?. Es esta una pregunta importante para acernos aquí. Es verdad que en todas las luchas sociales, está la cuestión de la “ justicia “. Plantear eso más precisamente, la lucha contra el tipo de justicia, contra lo que es injusto, es siempre parte de la lucha de clases: destituir a los jueces, cambiar los tribunales, indultar a los condenados, abrir las prisiones, sería siempre parte de las transformaciones sociales tan pronto como ellos se convirtieran en ligeramente violentos. Actualmente, la función de la justicia y de la policía en Francia apunta a atacar a grupos por nosotros llamados “gauchistes “( izquierdistas. Pero, si la justicia tiene intenciones en esa lucha, como instrumento de poder, no es de esperar que esto finalice un día, en esta u otra sociedad, que la gente fuera recompensada de acuerdo a sus méritos o sancionada por sus faltas. Antes que pensar a la “lucha de clases” en términos de “ justicia “, tiene que enfatizarse a la ” justicia “ en términos de “lucha de clases”.

P.D. (Una apreciación de N. Chomsky posteriorsobre el diálogo con Foucault ) Extraído del libro “ Noam Chomsky conversaciones con Mitsou Ronat “

Mitsou Ronat :- Cuáles eran sus divergencias políticas.

Noam Chomsky : -Por mi parte, separaría dos tareas intelectuales. Una consistiría en imaginar una sociedad futura conforme a las exigencias de la naturaleza humana , si usted quiere. La otra , en analizar la naturaleza del poder y la opresión en nuestras sociedades actuales . Para él, si lo he interpretado bien , todo lo que podemos imaginar no es sino una producción de la sociedad busguesa del período oderno: las nociones mismas de justicia , o de realización de la esencia humana serían invenciones de nuestra civilización , y resultantes de nuestro sistema de clases. La justicia estaría, pues , reducida a un pretexto esgrimido por una clase que quiere acceder al poder . El problema no radicaría en alcanzar el poder para implantar la justicia . Las cuestiones abstractas de justicia no se plantean y quizá no puedan siquiera plantearse en forma inteligible. Foucault decía , siempre si mi interpretación es correcta , que la lucha de clases se libra para ganar y porque conducirá a una sociedad más justa. Al respecto difiero totalmente. La lucha social puede ser justificada , a mi ver, sólo apoyándose sobre un argumento – aunque indirecto y basado en cuestiones mal comprendidas fácticas y axiológicas – según el cual sus consecuencias serían beneficiosas para la humanidad y aportarían una sociedad más decente. Tomemos el caso de la violencia . No soy un pacifista a ultranza , no diré que en toda circunstancia está mal hacer uso de la violencia . Pero esta utilización sólo puede justificarse si conduce a una mayor usticia. Si el único objetivo de la dictadura del proletariado es meter al resto del mundo en hornos crematorios , no está justificada . Sólo lo estará si permite poner fin a la opresión de clases . No estábamos de acuerdo , poruqe donde yo hablaba de justicia , él hablaba de poder. Al menos , así es como entendí la diferencia de nuestros puntos de vista.

viernes, octubre 07, 2005

Naturaleza Humana: Justicia versus poder.

Michel Foucault:
Naturaleza Humana: Justicia versus poder.
Paul Rabinow
Traducido por Fabio A Marulanda V.

Michel Foucault y Noam Chomsky aparecieron, hace algunos años, en un programa de televisión holandés para un debate sobre el tópico “Naturaleza Humana: Justicia Vs. Poder.” Ambos pensadores nunca se comprometieron completamente en la agonística discusión que tales temas están perfectamente supuestos a producir, pero algunas notables diferencias fueron claramente articuladas. Aunque ambos pensadores son muy críticos del actual orden político y social, sus aspectos fundamentales acerca de la naturaleza de los seres humanos, acerca del poder y de la justicia, y, acerca de como entender tales temas, difieren radicalmente. Permitamen usar éste intercambio de ideas para presentar algunos de los elementos de la obra de Michel Foucault.
Para Noam Chomsky, existe una naturaleza humana. Éste punto es fundamental: aunque existe algun tipo de naturaleza humana relativamente fija, científicamente es imposible entenderla.
A partir de sus propios analisis, Chomsky se pregunta: Cómo es ésto que sobre la base de un parcial y fragmentario conjunto de experiencias, los individuos en cada cultura sean capaces no sólo de aprender su propio lenguaje, sino que lo usan de una manera creativa?
Para Chomsky hubo únicamente una posible respuesta: allí debe haber una estructura bio-física subyacente en el pensamiento, el cual nos permite, a la vez como individuos y como especie, deducir de la multiplicidad de experiencias individuales un lenguaje unificado. Allí debe haber, Chomsky insiste, una “masa de esquemas, principios de gobierno innatos, los cuales guían nuestro comportamiento individual, social e intelectual... existe alguna cosa biológicamente dada, inalterable, una fundación para cualquiera que sea lo que nosotros hagamos con nuestras capacidades mentales.” [1]
El objetivo científico de Chomsky ha estado centrado en descubrir éstas estructuras. Sus objetivos: una teoría del conocimiento, matemáticamente demostrable. Su perspectiva de trabajo: el pensamiento racional Cartesiano.
Michel Foucault rechaza ambos puntos de vista Chomskianos, la naturaleza humana y la ciencia. De una manera metodológicamente característica, Foucault evita las preguntas abstractas: existe la naturaleza humana? y, pregunta en su lugar: cómo ha funcionado el concepto de naturaleza humana en nuestra sociedad? Tomando las ciencias de la vida durante el siglo XVIII como un ejemplo, Foucault traza una distinción entre las categorías funcionales existentes, dentro de una disciplina en un momento histórico específico y esos amplios marcos conceptuales tales como “vida,” o “naturaleza humana,” los que en su opinion, tuvieron muy poca importancia en los cambios internos de las disciplinas científicas. De acuerdo con Foucault, “no es por la naturaleza humana que los lingüístas descubrieron las leyes de la mutación consonante, o, Freud los principios de los análisis de los sueños, –los antropólogos culturales las estructuras de los mitos.– En la historia del conocimiento, la noción de naturaleza humana a mi me ha parecido principalmente haber jugado el papel de... designativo (designante) de ciertos tipos de discursos en relación a, o en oposición a, la teología, o la biología o la historia.” Foucault es muy desconfiado de las pretensiones de las verdades universales. Él no las refuta, en su lugar, su respuesta está orientada a historizar las grandes abstracciones. En el ultimo análisis, él no adoptó la posición de si hay o no hay una naturaleza humana. Más bien el cambio el sujeto y examinó las funciones sociales que tales conceptos han jugado en el contexto de unas practicas “tales como económicas, tecnológicas, políticas, sociológicas que pueden servir a ellas como condiciones de formación de modelos, de lugares, etc... que, así es, son formas sociales que hacen posible las regulacioones de una ciencia” [2]
Para Foucault, no hay una segura posición externa, no hay un conocimiento universal que esté más allá de la historia y de la sociedad. Su estrategia es proceder tan cerca como sea posible en sus análisis sin recurrir a universales. Su principal táctica es historizar probablemente categorías universales tales como naturaleza humana cada vez que él se encuentra con ellas. Los objetivos de Foucault son entender la pluralidad de las funciones que la razón, por ejemplo, ha tomado como una práctica social en nuestra civilización, no para usarla como un patrón frente a éstas prácticas, que pueden ser medidas. Ésta posición no implica ninguna reducción preconcebida del conocimiento a las condiciones sociales. Además existe un modo coherente, agotado con mucho énfasis, que es notable en los estudios históricos de Foucault: descubrir las relaciones de una especifica disciplina científica y sus particulares prácticas sociales.
Un similar conjunto de diferencias entre Chomsky y Foucault emerge en su discusión sobre las políticas. Chomsky responde para volver a otras dimensiones de los conceptos universales de naturaleza humana y razón. En su opinión, existe una universal necesidad humana para el trabajo creativo y la libre información. La posibilidad de satisfacer éstas necesidades están reprimidas en nuestra sociedad. Dada la moderna tecnología y la ciencia, Chomsky argumenta que los medios están actualmente disponibles para superar la alienación y el trabajo pesado. Si ésto no se ha logrado, la falta no se encuentra en la ciencia sino en la organización social y política de nuestra sociedad. El problema real de nosotros debemos confrontarlo, por ésta razón, hay una sola política: cómo acercarnos a una sociedad justa en la cual la creatividad y la razón puedan reinar. Nuestro trabajo es “tratar de crear la posibilidad de una futura sociedad justa; que sea creada si usted quiere, una teoría social humana que éste basada, si es posible, sobre algunos firmes y humanos conceptos de la esencia humana o de la naturaleza humana.” [3] Para Chomsky, el fin de ésta política acción es clara, –o podría volverse así– porque está guiada por la razón y por la naturaleza humana. La tarea del intelectual es utilizar el concepto de naturaleza humana como un símbolo contra los que juzgan la sociedad y utilizan sus razones para formular una precisa conceptualización de un más humano y justo orden social. Nuestras tareas políticas pueden estar coherentemente al tanto por los “universales” de razón y justicia.
Foucault como era de esperarse, rechaza responder porqué él está interesado en la política. Él encontró ambos puntos de vista triviales y por si mismos evidentes. En su lugar, él cambió la pregunta “porqué” para preguntar “cómo” –cómo estoy interesado en la política?– Naturalmente que no, enfatiza, para imaginar un modelo social ideal para el funcionamiento de nuestra científica o tecnológica sociedad.” Uno de los contrastes de la filosofía política de occidente, en las explicaciones de Foucault, han estado afectadas por tales abstracciones, principios fundamentales y utopías –por ejemplo, la teoría. En occidente nos hemos acercado constantemente al problema de orden político para construir modelos del justo orden social, o buscamos principios generales con los cuales evaluar sus condiciones existentes. Pero Foucault denuncia, haciendo énfasis en que ésta “voluntad de saber” nos ha dejado casí totalmete en la obscuridad acerca del concreto funcionamiento del poder en las sociedades occidentales. Nuestra tarea es desechar éstos esquemas utópicos de la búsquedad de principios fundamentales, y preguntar en su lugar como el poder opera actualmente en nuestra sociedad. “A mi me parece” Foucault comenta, “que la tarea política real en una sociedad tal como la nuestra es criticar las instituciones, las que aparentan ser ambas neutras e independientes; criticarlas en cuanto a la manera en que han siempre ejercido ellas mismas la violencia política obscuramente, hasta que ellas sean desenmascaradas, así que uno pueda luchar contra ellas.” [4]
Pero, porqué debemos nosotros luchar contra la violencia política? Para Chomsky, nosotros debemos luchar contra las injusticias de nuestra sociedad actual en nombre del más alto objetivo, justicia. Seguramente, Chomsky argumenta que a menos que nosotros tengamos un principio guía, nosotros no podríamos tener la manera de juzgar las acciones de otros.Ésto es perfectamente posible, nos podemos encontrar nosotros mismos en una situación en la cual una revolución llegaría a ser peor que el régimen que remplace. A menos que nosotros tengamos algo normalmente fijo y racional para juzgar lo que constituye una mejor sociedad, podríamos estar perdidos. Ésto no significa, Chomsky agrega, que nosotros tengamos que ejecutar un decreto perfecto de éstas normas, pero a menos que nosotros lo tengamos, nosotros no podríamos tener una manera para actuar o juzgar.
Foucault no ésta de acuerdo y es en este desacuerdo que es más radical y desconcertante. Él dice: “citaré un pequeño fragmento de Nietzsche acerca de esto... a mi me parece que la idea de justicia por si misma es una idea de las que en efecto han sido inventadas y puestas a trabajar en diferentes clases de sociedades como un cierto instrumento de un cierto poder económico y político, o como un arma contra éste poder... uno no puede por más lamentable que ésto pueda ser poner éstas nociones en frente para justificar una lucha de las cuales podríamos... derrumbar los verdaderos fundamentos de nuestra sociedad.” [5] Foucault ha sido coherente en ésta parte. Él no está diciendo que la idea de justicia nunca podría ser invocada en una batalla política. Pero su fundamental y elemental metáfora es luchar y no conversar. El punto de encuentro en las batallas políticas –y Foucault piensa que nosotros estamos comprometidos en ellas todo el tiempo, de ahí su desprecio por la importancia de la política– es para alterar las relaciones de poder.
Para Foucault, el conocimiento de todo tipo, está profundamente enmarañado en el desacuerdo de pequeñas dominaciones, como también en las grandes batallas de las cuales está constituido nuestro mundo. El conocimiento no es externo a éstas luchas, no constituye una vía fuera de, o arriba de, la batalla de la manera en que Chomsky vé ésta. Más bien, para Foucault, la “voluntad de saber” en nuestra cultura es simultáneamente parte del peligro y es también una herramienta para combatir el peligro. Siguiendo a Nietzsche, Foucault no “se separó lentamente él mismo de sus raices empíricas, la necesidad inicial de las cuales creció, para convertirse en sujeto de pura especulación, únicamente para las exigencias de la razón... Donde la religión exigió una vez el sacrificio del cuerpo, el conocimiento llama ahora para la experimentación sobre nosotros mismos, nos llama para el sacrificio del sujeto de conocimiento.” [6] Foucault confronta este cambio, esta exigencia, para negarse a separar conocimiento de poder. Su estrategia ha sido centrar su trabajo, en ambos lados, intelectual y político, sobre lo que él considera la mayor amenaza –que extrañamente algo que es diferente mezcla de las ciencias sociales y del desarrollo de las prácticas sociales en torno a la sujetividad.
Foucault llama éste intento de encontrar y analizar los entramados de los discursos y de las prácticas relacionadas con el sujeto, conocimiento y poder, “la genealogía del sujeto moderno”. Ésto que es distinto acerca de la cultura occidental y a lo que nosotros le hemos dado demasiada importancia para el problema del sujeto en nuestras tradiciones sociales, políticas, económicas, legales, filosóficas y científicas. Los objetivos principales de Foucault son “descubrir el punto en el cual éstas prácticas se convirtieron en técnicas coherentes del pensamiento, con objetivos definidos; el punto en el cual un particular discurso surgió de éstas técnicas y pasaron a ser consideradas como verdaderas, el punto en el cual ellas están relacionadas con la obligación de la busquedad de la verdad y de decir la verdad ”. [7]

EL PROBLEMA DEL SUJETO
Sigamos a Foucault en una resiente autocaracterización, en la cual él dijo, “el objetivo de mi trabajo durante los últimos veinte años, no ha sido analizar el fenómeno del poder, no para elaborar los principios de tal análisis. Mi objetivo, en su lugar, ha sido crear una historia de los diferentes modos por los cuales en nuestra cultura los seres humanos están siendo sujetivados.” [8] Su esquema de tres modos de objetivación del sujeto provée un conveniente significado para presentar brevemente los principales temas de su obra.
El primer modo de objetivación del sujeto es algo que ha sido llamado críticamente “prácticas divisorias”. El más famosos ejemplo de los trabajos de Foucault es el aislamiento de los leprosos durante la edad media; el confinamiento de los pobres, los locos y los vagabundos en el gran “recoge-todo” Hôpital General du Paris en 1656; las nuevas clasificaciones de la enfermedad y las prácticas asociadas de la medicina clínica a comienzos del siglo XIX en Francia; el desarrollo de la psiquiatría moderna y su ingreso dentro de los hospitales, prisiones y clínicas, hasta finales de los siglos XIX y XX; y finalmente la medicalización, estigmatización y normalización de las desviaciones sexuales en la europa moderna.
En diferentes formas, utilizando diversos procedimientos, y con una muy variada eficacia en cada caso, “el sujeto es objetivado por un proceso de división en ambos lados, dentro de el mismo o a partir de otros.” [9]
En éste proceso de social objetivación y categorización, a los seres humanos, les son dados a la vez una social e identidad personal. Esencialmente “prácticas divisoria”, son modos de manipulación que combinan la mediación de una ciencia (o pseudo-ciencia) y la práctica de exclusión –usualmente en un sentido espacial, pero simepre en un sentido social. Éstas prácticas divisorias forman una importante parte de los problemas del sujeto en los primeros libros de Foucault, “Historia de la Locura,” y “El Nacimiento de la Clínica,” como también en los posteriores trabajos como “Vigilar y Castigar”. Los principales tópicos aquí están: La objetivación del individuo, dibujada primero desde una muy bien indiferenciada masa (por ejemplo, las poblaciones de vagabundos en Paris en el siglo XVII), y posteriormente la mucho más preseleccionada población (delincuentes de los barrios de clase obrera); la interconexión de las prácticas divisorias con la formación y la cada vez más elaboración sofisticada de la ciencias sociales; la histórica relación de éstos modos de clasificación, control y contención para una tradicion caracterizada por el retórico humanitarismo sobre la reforma y el progreso; la cada vez más eficiente y diversa aplicación de estos combinados procedimientos principalmente de poder y conocimiento, aunque no exclusivamente, para dominar grupos o para formar grupos y darles una identidad a través de las prácticas divisorias.
El segundo modo, para volver a los seres humanos, dentro de la objetivación de los sujetos está relacionada pero independiente del primero. Permítamen llamarlo “clasificación científica”. Ésto surgió de “los modos de preguntar desde las cuales se tratan ellas mismas de dar el estatus de ciencias; por ejemplo, la objetivación del sujeto que habla en la grammaire generale, filosofía y lingüística... [o] la objetivación del sujeto productivo, que labora, en el análisis de la salud y de lo económico. O... la objetivación de la realidad absoluta del ser vivo en la historia natural o la biología.” [10] Ésta lista constituye un conciso resumen de los contenidos de los más controversiales, pero también de los más bien recibidos libros de Foucault, “El Orden del Discurso.” En éste denso y erudito estudio, Foucault demuestra cómo los discursos de la vida, del trabajo, y del lenguaje, fueron estructurados dentro de disciplinas; como de ésta manera, éstas disciplinas alcanzaron un mayor grado de autonomía interna y coherencia; y como éstas disciplinas de la vida, labor, y lenguaje –de las cuales nosotros tendemos a verlas relacionadas con universales de vida social humana y por consiguiente lógicamente progresando y refinándose ellas mismas en el curso de la historia (como en las ciencias naturales)– cambiaron abrúptamente en varias coyunturas, desplazando una conceptual discontinuidad desde las disciplinas que inmediatamente las han precedido.
Las históricas rupturas que se resaltan en la época clásica (aproximadamente desde la mitad del siglo XVIII hasta la revolución francesa) son el sello característico en todos los escritos de Foucault.
Dada la historia francesa, nada es particularmente sorprendente en esta cronología. Efectivamente, Foucault muy frecuentemente ha sido relacionado como un filósofo de las discontinuidades. El error es parcialmente suyo; trabajos tales como “La Arqueologia del Saber,” y “El Orden del Discurso,” por supuesto hacen un fuerte énfasis en los cambios en las estructuras del discurso de las ciencias humanas. Pero Foucault ha también enfatizado, en otro contexto, en la más larga serie de continuidades en las prácticas culturales. Las marcadas líneas del discurso de la discontinuidad en las ciencias humanas y las largísimas líneas de la continuidad en las prácticas no discursivas, proveen a Foucault con una potente y flexible rejilla de interpretaciones con la cual se acerca a las relaciones de conocimiento y poder. Podría subrayarse, no obstante, que esto no es una filosofía de la historia de las que por alguna misteriosa razón, glorifica la discontinuidad.
En ambas obras, “El Orden del Discurso”, y en “La Arqueología del Saber”, (Foucault únicamente intenta, en un resumido análisis teórico y sistemático, una disección histórica de lo que constituye el tema de sus otros libros), el discurso está puesto afuera de las prácticas sociales y las instituciones en las cuales el está enclaustrado. Éste afuera ha ocasionado también alguna confusión. Aunque Foucault estuvo temporalmente atrapado en uno de los lenguajes estructuralistas del momento, el nunca quizo aislarse del discurso de las prácticas sociales que lo rodeaban. Más bien, el estuvo experimentando ver cuanta autonomía podría ser legítimamente reivindicada por las formaciones discursivas. Su objetivo, antes como ahora, fue intentar el análisis de discursos (o ideologias) tales como comentarios, críticas, no importa que tan complejamente atravezados, o algo probablemente “profundo” y más “real”. En éste sentido, Foucault ha sido consecuentemente materialista. Al preguntar “cómo funciona el discurso?” su intento ha sido separar las técnicas del poder exactamente en éstos lugares donde éstas clases de análisis son raramente dados. Pero para lograr ésto, él al principio hizo énfasis en las articulaciones internas y en el aparente mismo encierro natural de las ciencias sociales. Sinembargo, Foucault ha guardado la mayoría de sus sistematizaciones “arqueológicas” de la formación de conceptos, objetos, sujetos, y estrategias en las ciencias humanas, él ahora explícitamente extendió sus análisis para mostrar como éstas disciplinas han jugado un importante papel en un campo histórico que incluye otros tipos de prácticas no discursivas.
Foucault ha estado constantemente interesado en las maneras en que ha cambiado el cuerpo y las instituciones sociales relacionadas con éste, para poder entrar en las relaciones políticas. En el primer modo de objetivación (las “prácticas divisorias”), el sujeto constituído puede ser visto como una víctima capturada en el proceso de objetivación y coaccionado –más obviamente el caso para los prisioneros y los pacientes mentales. Sin embargo existe un paralelo desarrollo asociado con el segundo modo de objetivación (clasificación científica), la tendencia hacia la dominación es más oblicua. Por ejemplo en “El Nacimiento de la Clinica,” Foucault demuestra como el cuerpo fue cada vez más tratado como una cosa durante el siglo XIX, y ahora ésta objetivación fue paralela y complementada por la “división de las prácticas” instituídas en los espacios de la clínica, temporal y socialmente compartimentalizadas. Pero las dos dimensiones –división de las prácticas y la clasificación científica– no son la misma cosa; no son ellas orquestadas juntas por algún desconocido actor. Foucault no ofrece una casual explicación para éstos cambios, dejando un poco a sus lectores en el oceano, para que considere como él evalúa la interacción de su intencional acción, cambios socioeconómicos, intereses particulares y accidentales.
El tercer modo de objetivacion de Foucault, representa su más original contribución. Permítanme llamarlo “Subjetivación”. Ésto es concerniente “a la manera en que el ser humano se convierte él o ella misma en un sujeto ” [11] Éste proceso difiere de manera significante de los otros dos modos y representa una importante nueva dirección en los trabajos de Foucault. Las “prácticas divisorias,” hablando en términos generales, son técnicas de dominación y han sido aplicadas principalmente a las poblaciones de vagabundos, los sectores trabajadores, ha aquellos que han sido definidos como marginales etc. La interacción entre éstos modos de dominación y las diversas formas de clasificación de las ciencias sociales, a pesar de que dan una nueva claridad y autoridad a los análisis y los estudios historicos de Foucault, han sido identificado por otros autores. En ambas instancias, la persona que está puesta en una celda, o las personas a quienes un expediente les está siendo compilado, están básicamente en una pasiva y forzada posición. En contraste con el tercer modo –“Sujetivacion”– Foucault mira en éstos procesos de formación del yo en los cuales la persona está activa. Sus análisis publicados han centrado su atención sobre los sectores dominantes, en particular el siglo XIX de la burguesía francesa; sus trabajos en avance examinan a los ciudadanos griegos y a los primeros ascetas cristianos y Padres de la iglesia. En éstos análisis, Foucault está principalmente interesado en la separación de éstas técnicas en las cuales la persona inicia una activa formación del yo. Ésta formación del yo tiene una larga y complicada genealogía; ésto tomó lugar a través de una variedad de “operaciones sobre (las personas) nuestros cuerpos, sobre sus propias almas, sobre sus propios pensamientos, sobre sus propias conductas.” [12] Éstas operaciones característicamente están relacionadas con un proceso de conocimiento de si, pero otra de las cuales está mediatizada por una figura autoritaria externa, que puede ser el confesor o el psicoanalista. Foucault nos demuestra por ejemplo como durante el siglo XIX allí hubo una vasta proliferación de discursos científicos acerca del “sexo,” en parte porque el sexo fue visto poseedor de la clave para el conocimiento de si mismo, esta línea culminó con Freud. Foucault también dió importancia a una creciente obsesión con la sexualidad, y así sucesivamente. El individuo y la raza fueron por ésto unidos en un común campo de interéses. Ésto es importante aqui para no unir una línea demasiado clara entre éstos procesos de sujetivación y, digamos, las “prácticas divisorias”. Así como Foucault lo demuestra en “La Historia de la Sexualidad” y en “Vigilar y Castigar ”, los dos pueden ser efectivamente combinados, a pesar de que ellos son analíticamente distinguibles.

EL PROBLEMA DEL PODER/ CONOCIMIENTO
Tomemos juntos los tres modelos de objetivación del sujeto (aquellos que clasificamos, distribuimos y manipulamos, aquellos directamente con los cuales nosotros hemos procedido para entendernos nosotros mismos científicamente; aquellos que nosotros hemos utilizado para formar el significado dado a nosotros mismos) que designa la problemática de los trabajos de Foucault. Sinembargo aparentemente muy pronto se hizo evidente que si el más general tema de los trabajos de Foucault ha sido el sujeto, un entendimiento de éstas investigaciones requiere el arsenal de conceptos subsidiarios y concernientes a él que han malinterpretado constantemente. Agrupados apretadamente alrededor del problema del sujeto están los inseparables términos de poder y conocimiento. Su importancia ha sido ya bien localizada por Colin Gordon en su antología de los ensayos de Foucault, “Poder/Conocimiento”. Aunque no es necesario enumerar los argumentos detalladamente aquí, muchos puntos merecen ser subrayados.
Durante la mayor parte de los años sesenta, Foucault busca, separar y analizar las estructuras de las ciencias humanas tratadas como sistemas discursivos. Ésto es importante para señalar que Foucault nunca tomó éstos discursos desde el “adentro”. Ésto es, él nunca asumió el problema de la verdad o la falsedad de las pretensiones específicas en cualquier particular disciplina. A pesar que él trazó con gran paciencia los sistemaz discursivos de las ciencias de la vida, lenguaje y trabajo, su propósito no fue revelar las verdades que éstas ciencias han descubierto o las falsedades que ellas han planteado. Más bien, una vez más, fue efectivo el funcionamiento de éstas disciplinas –cómo y alrededor de qué ellas formaron conceptos, cómo ellos fueron usados, dónde ellos se desarrollaron– lo que fue atacado por Foucault. El problema se tornó en cómo analizar los discursos de las ciencias sociales, sin juzgar sus “progresos” o la falta de ellos, y sin reducir sus discursos relativos y su conceptual autonomía a alguna otra cosa que pareciera ser más pertinente. Así como Colin Gordon anota: “Cómo son las ciencias humanas históricamente posibles, y cuales son las condiciones historicas de su existencia?” [13] Paralelamente, aunque no idénticamente, los problemas han estado obviamente planteados antes, mucho más notable en el trabajo de Nietzsche “La Genealogia de la Moral,” pero Foucault ha continuado las consecuencias de éstos problemas con una sistematizidad y rigor sin precedentes.
Foucault es resueltamente y consistentemente anti-Hegeliano y anti-Marxista, en está área. La búsquedad de una teoría general de la historia no está en su agenda. En efecto, así es, en el diagnóstico de Foucault es parte del problema. Foucault parece ser que se identifica con la teoría crítica iniciada en los tiempos modernos por Nietzsche y continuada por Heideger. Sinembargo, situar a Foucault en ésta línea no detalla el rechazo de la razón. Él está afirmando que él no es –como Jurgen Habermas, entre otros han acusado– un “irracionalista.” [14] Ní ha abandonado la continuidad de sus argumentos críticos en la arena pública. El simplemente rechaza ver la razón como cualquier otro, nuestra esperanza o nuestra destrucción. Foucault expusó ésto de la siguiente manera: “La relación entre racionalización y el exceso del poder político es evidente. Y nosotros no podríamos necesitar esperar por una burocrácia o un campo de concentración para conocer la existencia de tales relaciones. Pero el problema es: Qué hacer con semejante evidente realidad? Podríamos nosotros juzgar la razón? En mi opinión nada podría ser más estéril. Primero porque en éste campo no hay nada para hacer con culpable o inocente. Segundo, porque no tiene sentido referirse a la razón como la entrada contraria para la sinrazón. Por último, porque semejante tribunal, podría atraparnos dentro de un juego de arbitrariedad y tampoco la rotulación de irracionalista o racionalista.” [15]
Ésta anti-metafísica y anti-ontológica tendencia en los trabajos de Foucault es otro argumento poderoso. Pero las preguntas –ambas filosóficas y políticas– acerca del exacto estatus de la razón, en los trabajos de Foucault, permanecen. Él al parecer se sitúa a si mismo muy cerca, pero aparte de una línea de pensadores que vienen desde Max Weber y Martin Heidegger hasta Teodoro Adorno y Max Horkheimer. Cada uno de éstos hombres, en diferentes formas reconocieron juntos un continuo y permanente peligro en el proceso del crecimiento de la razón y el desarrollo tecnológico del mundo. Cada uno también diferenció entre los tipos de razón o pensamiento –instrumental, substantivo, formal, crítico, etc.– e intentaron separar afuera, aquellas dimensiones y consecuencias de la actividad racional, las cuales fueron perjudiciales y aquellas en las cuales en alguna forma u otra, podría servir como instrumento de resistencia o superaron la formación destructiva de la razón en la cultura occidental.
Los trabajos de Foucault son ellos mismos una declaración para sostener una racionalidad crítica con una constante política. Sinembargo, nosotros estamos únicamente en el comienzo de una evaluación crítica de las funciones positivas de la razón para Foucault. Él está en una constante pluralización y descapitalización de todos los grandes conceptos, primeras fundaciones y campo fundamental que nuestra tradición ha producido. El problema de la razón no es jurídico u ontológico; ésto es histórico y político. Asi como Foucault lo explica: “El tema central de la filosofía y el pensamiento crítico desde el siglo XVIII ha sido siempre... Cual es ésta razón que nosotros usamos? Cuales son sus límites y cuales son sus peligros?...[si] la filosofía tiene una función entre el pensamiento crítico, es precisamente aceptar ésta clase de espiral, ésta clase de asquerosa puerta de racionalidad que nos remite a sus necesidades, para su indispensabilidad, y, al mismo tiempo para sus intrínsecos peligros” [16]

EL PROBLEMA DEL GOBIERNO
Justamente asi como Foucault innovando busca separar y analizar un esquema para entender cómo nuestra cultura ha producido diferentes tipo de sujetos, así también, su más reciente trabajo ha tematizado el poder en una nueva vía. En sus propias palabras: “Desde el siglo XVI, una nueva forma política de poder ha estado constantemente desarrollándose. Ésta nueva estructura política, como cada cual sabe, es el Estado. Pero la mayoría de las veces, el Estado es imaginado como una clase de poder político el cual ignora a los individuos, buscando únicamente los intereses en la totalidad, o, podría decir, de una clase o de un grupo de ciudadanos. Ésto es completamente cierto. Pero quisiera subrayar que el echo de que el poder del Estado (y esa es una de las razones de su poder) es junto una individualizada y totalizante forma de poder. Nunca, pienso, en la historia de las sociedades humanas –incluso en la antigüa sociedad china– ha habido semejante compleja combinación en las mismas estructuras técnicas políticas de técnicas de individualización y de totalización de procedimientos. [17]
Nosotros hemos mirado éstas “técnicas de individualización” en relación a la objetivación del sujeto, Ahora debemos volver brevemente a la “totalización de los procedimientos” –Primero un breve esbozo de los análisis de Foucault de las clases de cambio histórico en el Estado con relación al individuo.
Con el Renacimiento, nuevos vínculos entre el Estado (formado por las grandes territoriales monarquías que se organizaron en Europa a partir de los fragmentos del Estado Feudal) y el individuo (a quienes al alma y la salvación les fueron dada una prominente renovación como tema político en la Reforma y Contra-reforma) dando surgimiento a un nuevo tipo de reflexión. Desde la mitad del siglo XVI, una serie de tratados sobre el “arte de gobernar” comienzan a aparecer. Ellos no fueron relacionados con las tradicionales preguntas acerca de la naturaleza del Estado, ni tampoco con el problema de cómo el principe podría ser el mejor para conservar el poder (aunque éstos tópicos no estuvieron entereamente ausentes). Su campo fue mucho mas amplio. En efecto, ellos abarcaron la mayoría de todas éstas cosas. Éstos tratados hablaban directamente de el “gobierno de la casa, almas, niños, una provincia, un convento, una orden religiosa, o una familia.” La reflexión política fue por eso tácitamente ampliada para incluir al menos todas las formas de las actividades humanas, desde las más pequeñas sensaciones del alma, hasta las más grandes maniobras del ejército. Cada actividad en su propio campo específico, demandaba reflexión sobre cómo ésto podría ser realizado de la mejor manera posible. “Lo mejor,” Foucault nos dice a nosotros, significa “lo más económico”. El arte de gobernar...está relacionado con...como introducir la economía que es la correcta manera de administrar los individuos, dioses y riquezas en el interior de las familias... como introducir ésta meticulosa atención de el padre hacia su familia, dentro de la administración del Estado.” [18]
El primer gran cambio, por consiguiente, es desde una relación con la naturaleza del Estado y luego el principe y sus relaciones por siempre, para una amplia y más detallada consideración de cómo introducir economía y orden (por ejemplo, gobernabilidad) desde la parte de arriba del Estado, bajando hasta todos los aspectos de la vida social. La sociedad fue convirtiendose en un blanco político.
Una vez más uno comprende la conceptualización de éste cambio de Foucault; muchas al parecer oraciones mundanas toman sobre si un menor significado. Por ejemplo, Foucault cita un filósofo, Guillame de la Perriere, en su tratado “Miroir de la politique (1567):” “La gobernabilidad es la directa disposición de las cosas ordenadas así, como para llegar a un conveniente fín”. La frase parece inócua. Foucault, sinembargo, leyó ésto como un indicador de un mayor cambio en el pensamiento político. El señalo que para las teorias tradicionales de la soberanía hubo un fundamental vínculo entre la soberanía y el territorio. Admitiendo que la soberanía también reglamentaba todos aquellos que vivían en tal territorio y controlaban sus recursos. Pero el vínculo fundamental, el recurso de las legitimas soberanías, fue su conexión para un reino. En la definición de Guillame de la Perriere, allí no se hace mención del territorio. Más bien, una compleja relación de los hombres y las cosas están dadas con prioridad “consecuentemente,” Foucault concluye, “las cosas con las cuales el gobierno está para ser relacionados son hombres, pero hombres en sus relaciones, sus vínculos, sus imbricaciones con otras cosas de las cuales son específicas cualidades, climas, irrigación, fertilidad, etc; hombres en sus relaciones con otras clases de cosas tales como costumbres, hábitos, maneras de ser y de pensar, etc., por último, hombres en sus relaciones con ésta otra clase de cosas tales como accidentes y desgracias tales como hambre, epidémias, muertes, etc.” [19] Las relaciones de una buena dirección del Estado, (o, cómo esto podría ser llamado en el siglo XVIII, un buen Estado de policia), ahora entendida desde el principe y su comportamiento hasta las costumbres de la gente en torno a ellos mismos.
Éstos tratados sobre el gobierno fueron más que simplemente ejercicios académicos. En Francia, a partir del siglo XVI, ellos están relacionados directamente hacia el crecimiento y desarrollo de los centralizados aparatos administrativos del Estado. En efecto, fue sólo un poco después, en el siglo XVII, que ese detallado conocimiento de la organización de las cosas disponibles –los diferentes “elementos, dimensiones y factores de los poderes del Estado”– lo llamaron “estadística:” la ciencia del Estado. El arte de gobernar y el conocimiento empírico de los recursos y condiciones del Estado –sus estadísticas– juntos formaron los mayores componentes de una nueva racionalidad política. Una racionalidad, que Foucault nos asegura, de la cual no hemos todavía salido.
La atención para la población, familia y la economía durante la época clásica se refiere a un bien argumentado acontecimiento histórico de los cuales la escuela de los “Annales” ha hecho famoso: “la expansión demográfica del siglo XVIII, esta relacionada con la histórica abundancia monetaria, la cual a su vez estuvo relacionada con la expansión de la producción agrícola directamente en una serie de procesos circulares.” [20] La contribución de Foucault ha sido para ampliar las relaciones entre estos cambios de larga duración y ciertos procesos políticos los cuales han sido sistemáticamente mal presentados por los historiadores de los “Annales.”
Específicamente, él ha ayudado a explicar lo económico, demográfico y los patrones políticos de la época clásica de una manera en la cual se revelan las decisiones concientes, puesto que se hicieron por administradores con respecto a las supuestamente inconcientes fuerzas analizadas por los historiadores de la “Long Duree.”
Así como el fomento de la vida y el crecimiento y cuidado de la población se vuelve un tema central del Estado, articulado en el arte de gobernar, un nuevo regímen de poder toma lugar. Foucault llama a éste regímen “bio-poder”. Él explica que el bio-poder, “llevó la vida y sus mecanismos hacia una esfera de cálculos explícitos e hizo del Conocimiento–Poder un agente de la transformación de la vida humana... El hombre moderno es un animal a quienes la política ponen su existencia como un ser humano en cuestion.” [21] Bio-poder surge alrededor de dos distintos polos en el comienzo de la época clásica. Un polo es la especie humana. Por primera vez en la historia, las categorías científicas (especies, población, fertilidad y así sucesivamente), más que las jurídicas, se convirtieron en el objeto sistemático que concentró la atención política y su intervención.
El otro polo del bio-poder es el cuerpo humano: el cuerpo no considerado directamente en su dimensión biológica, pero como un objeto para ser manipulado y controlado. Un nuevo campo de operaciones, de procedimientos –aquellos unidos al conocimiento y el poder que Foucacult llama “tecnologías”– van unidas alrededor de la objetivación del cuerpo. Ellos conforman la “tecnología disciplinaria” que Foucault analiza con detalle en “Vigilar y Castigar.”
El objetivo de las tecnologías disciplinarias, cualquiera que sea su representación institucional –y ésto desarrollado en un gran número de diferentes campos, tales como fábricas, escuelas, prisiones, y hospitales– están para forjar un “cuerpo dócil que pueda ser sujetado, usado, transformado y mejorado.” [22] Ésto ha sido puesto en muchas diferentes maneras: directamente en la enseñanza y en el entrenamiento del cuerpo, hasta la estandarización de acciones sobre tiempo, y hasta el control del espacio. La disciplina procede de una organización de individuos en el espacio, y se requiere un específico espacio cerrado. Una vez establecidos, ésta cuadricula permite la segura distribución de los individuos, quienes están para ser disciplinados y supervisados. En una fábrica, el procedimeinto facilita la productividad; en una escuela, ésto asegura un comportamiento ordenado; en un pueblo ésto reduce el riezgo de los peligrosos levantamientos, vagabundos nómadas, o de las muertes por epidemias.
Control disciplinario –y la lectura incluída en esta colección especifica su complejidad y variedad en detalle– está incuestionablemente relacionada con el desarrollo del capitalismo. Pero la relación entre los cambios económicos que están relacionados en la acumulación de capital, y los cambios políticos que están relacionados en la acumulación de poder se han quedado para ser explicados. Foucault argumenta que los dos son mutuamente dependientes. “Cada uno hace posible al otro y necesario; cada uno provée un modelo para el otro”. Por ejemplo “la masiva proyección de los modelos militares sobre la organización industrial fue un ejemplo de [los] modelos de la división del trabajo siguiendo el modelo puesto por el esquema de poder.” [23] Tecnologías disciplinarias, en otras palabras, preceden al capitalismo moderno. En los argumentos de Foucault, ellos están en sus precondiciones. Sin la disponibilidad de las técnicas para sujetar los individuos a la disciplina, incluyendo el orden espacial y necesario para los oficios, la nueva demanda del capitalismo podría haber sido obstruida. De la misma manera, sin la fijación, control y racional distribución de la población construida sobre una base del conocimiento estadístico de ella, el capitalismo podría haber sido imposible. El crecimiento y difusión de los mecanísmos disciplinarios de Conocimiento y Poder preceden el crecimiento del capitalismo en dos sentidos lógico y temporal. Por eso éstas tecnologías no fueron la causa del surgimiento del capitalismo, ellos fueron los prerequisitos para su surgimiento.
El desarrollo del capitalismo, sin embargo, no es el tema central de Foucault. Su tema es el sujeto y el poder, como también la racionalidad política con la que están vínculados. Nosotros podríamos ilustrar éstos temas con un ejemplo, sin embargo uno de los más famosos es del repertorio de Foucault. Foucault elige el plan de Jeremias Bentham del panóptico como el modelo de la tecnología disciplinaria. Y sus análisis de éste aparato sirven como una máquina para las otras tecnologías que el analiza.
El panóptico ofrece una particular y pintoresco ejemplo de como las tecnologías políticas del cuerpo funcionan. Ésto es “un modelo general de funcionamiento; una manera de definir las relaciones del poder en términos de cada día para la vida de los hombres... aquí está el diagrama de un mecanismo de poder reducido a su forma ideal...ésto es en efecto una figura de la tecnología política que puede y debe ser separado de cualquier específico uso.” [24] Ésto es también una organización particular del espacio y de los seres humanos, un orden visual que verifica los mecanísmos de poder en los cuales los seres humanos están siendo desplegados.
El panoptico consiste de un largo patio, con una torre en el centro, rodeado por una serie de niveles y celdas. En cada celda hay dos ventanas: Por una entra la luz y la otra está orientada hacia la torre, en donde un gran observatorio de las ventanas permite la vigilancia de las celdas. Las celdas se vuelven “pequeños teatros, en los cuales cada actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible.” [25] El presidiario no está simplemente visible para el supervisor; él es visible al supervisor sólamente separado de cualquier contacto. Éste nuevo poder es continuo y anónimo. Cualquiera podría hacer funcionar el mecanismo arquitectónico por todo el tiempo que esté en la correcta posición y cualquiera podría ser dominado por ésto. El vigilante podría muy fácilmente estar observando a un criminal, un escolar, o una esposa (Bentham sugiere, aparentemente sin humor, que el panóptico podría ser una medida extremadamente efectiva para un harem, con ésto podría reducirse el número de eunucus necesarios para mirar las mujeres en las celdas).
La perfeccción de su arquitectura es tal que si no hay guardia presente, el aparato de poder todavía opera efectivamente.
El presidiario no puede ver si el guardian está o no en la torre, así el debe portarse como si la vigilancia fuera perpetua y total. Si el presidiario nunca está seguro cuando él está siendo observado, él se vuelve su propio guardián. Como último paso en la perfección técnica y arquitectónica, el panóptico incluye un sistema para observar y vigilar a sus controladores. Éstos quienes ocupan la posición central en el panóptico están ellos mismos directamente atrapados en el lugar y en orden a su propio comportamiento.
“Éste es quizas el más diabólico aspecto de la idea y de todas las aplicaciones acerca de ésto,” comenta Foucault. En ésta forma de administración, el poder no está totalmente confiado a alguien a quien podría ejercerlo solo, sobre otros, más bien ésta máquina es una en la cual todos están atrapados, aquellos quienes ejercen éste poder como aquellos quienes están sujetados por este. [26]
Así, hasta el orden espacial, el panóptico trae unido al poder, control del cuerpo, control de grupos y conocimiento (el presidiario es observado y examinado sistemáticamente en su celda ). Éste localiza a los individuos en el espacio, en una jerárquica y eficiente visible organización. Por ésto el esquema de Bentham nunca fue completamente implementado, no (como nosotros veremos) hizó las numerosas adaptaciones siempre dirigidas tan efectivamente como Bentham las proyectó, ésto es, no obstante, un crucial aspecto desarrollado por Foucault. Asi como él lo explica: “La función automática del poder, manejo mecánico, no es absolutamente la tesis de “Vigilar y Castigar.” Más bien, ésta es la idea, en el siglo XVIII, que tales formas de poder son posibles y deseables. Ésta es la teórica y práctica busquedad por tales mecanismos, la voluntad, constantemente atestada, para organizar ésta clase de mecanismos los cuales constituyen el objeto de mi análisis.” [27]
Una particular racionalidad acompaña la tecnología del panóptico: una que es independiente y no teórica, dispositivo hacia la eficiencia y la productividad. Para Bentham, el panóptico tenía la ventaja de ser útil, capaz de servir en una multitud de campos para una multitud de propuestas. Ésto al parecer no cumplió las normas para juzgar o para seguir cualquier programa. Ésto pretendió ser una herramienta para distribuir los individuos en el espacio, para ordenarlos a ellos en un lugar visible. De ahí su capacidad para generalizarse.
Foucault, sin embargo, apunta hacia una racionalidad suplementaria construida dentro del proyecto del panóptico. Éste ofreció una lógica no solamente de eficiencia sino también de normalización. Por “normalización”, Foucault entiende un sistema finamente graduado y con intervalos medibles en los cuales los individuos pueden ser distribuidos alrededor de una norma –una norma que a la vez organiza y es el resultado de su controlada distribución. Un sistema de organización está opuesto a un sistema de ley o a un sistema de personal poder. No hay un punto dependiente fijo desde el cual se hagan juicios, para imponer una voluntad. Normatividad, orden serializado (para utilizar el término Sartreano) es un esencial componente del régimen de Bio-poder, para un “poder cuyas tareas están para hacerse cargo de las necesidades regulativas y de los mecanismos correctivos de la vida...semejante poder tiene que calificar, medir, evaluar, y, jerarquizar, más bien que exhibir asi mismo su asesino esplendor.
Sus efectos distribuidos en torno a la norma...[la] institución jurídica está cada vez más incorporada en una cantidad de aparatos (médico, administrativos y asi sucesivamente o cuyas funciones son la mayor parte regulatorias. [28]
Ésta normativa racionalidad ha gradualmente socabado e “instalado” (como un parásito se instala en un cuerpo) junto al exceso de soberanía y poder, y, más importante, el procedimiento de la ley (sin eliminarse ambos, de nuevo como un parásito). El ingreso de la medicina, la psiquiatría, y algunas ciencias sociales dentro de las deliberaciones legales en el siglo XIX va en la dirección de lo que Foucault llama una “sistemática normalización” de la ley –ésto es, en dirección a una apelación de los cálculos estadísticos y juicios acerca de lo que es normal y lo que no es en una población dada, más que adheridos a las medidas de lo que es bueno y lo que es malo. Bajo el régimen de Bio-poder, ninguno de los dos, ni el soberano, ni la ley –ni roi, ni loi– escapan a la difusión de la racionalidad normativa. “Éstos son los dos significados de la palabra sujeto,” Foucault escribe, “sujeto a cualquier otro por el control y la dependencia, y atado a su propia identidad por una conciencia o un conocimiento de si.
Ambos significados sugieren una forma de poder con los cuales se subyuga y se hacen sujetos”. [29]
Un esencial componente de las tecnologías de normalización es el papel clave que ellos juegan en la creacion sistemática, clasificación y control de “anomalías” en el cuerpo social. Su raison d'etre viene de dos reivindicaciones de sus promotores; primero, que ciertas tecnologías sirven para separar anomalías; segundo, que una puede luego normalizar anomalías a través de correcciones o procedimientos terapéuticos, determinados por otras cercanas tecnologías. En ambos casos, las tecnologías de normalización son pretendidamente técnicas imparciales para tratar con las peligrosas desviaciones sociales.
Sin embargo, como Foucault demuestra con grandes detalles en “Vigilar y Castigar” y en la “Historia de la Sexualidad”, el avance del Bio-poder en el siglo XIX es un hecho contemporáneo con la aparición de las modernas categorías de anomalía –el delincuente, el perverso– en los que la tecnología de la disciplina y la confesión están supuestamente diseñadas para eliminar, pero nunca para hacer. En las lecturas de Foucault: “La implantación de las perversiones en un instrumento actuan: Ésto está orientado a la separación, intensificación, y consolidación de dispositivos sexuales que las relaciones de poder para el sexo y el placer bifurcado libremente y multiplicados, midieron el cuerpo, y penetraron modos de conducta.” [30] Y finalmente el buen gobierno es la correcta disposición de las cosas –siempre y cuando éstas cosas tengan que ser inventadas asi como ser bien gobernadas.
Con el siglo XIX, la posibilidad acerca del conocimiento y control sobre los más diminutos aspectos del comportamiento en nombre del bienestar de las poblaciones es al menos presentado en principio, aunque nunca completamente realizado. Un vasto documentado aparato, se vuelve una esencial parte de las tecnologías de normatividad.
Un preciso dossier permite a las autoridades fijar a los individuos en una red de codificación objetiva. Más preciso y más estadísticamente certero el conocimiento de los individuos conducidos para purificar y más enredados en los criterios de la normalización. Ésta acumulación de documentación y su posible “medición de conjunto, de fenómenos, la descripción de grupos, la caracterización de hechos colectivos, la calculación de los desequilibrios entre individuos, su distribución en una ‘población’ dada.” [31] El poder del Estado produce una red cada vez más totalizadora de control (que) está entrelazada con y dependiendo sobre sus habilidades para producir un aumento específico de la individualidad.
Foucault no piensa que éste totalizante e individualizado poder se haya empíricamente tomado de cada cosa, tampoco que ésto sea inevitable. Y sin embargo éste aumento de la sujección no es un mero sueño. Uno puede tranquilamente preguntarle a Foucault: “Como hacerle frente a ésta amplia red de poder que se está extendiendo? Sin embargo él ha sido en general muy reticente acerca del papel del abogado. Todo lo mismo que él abogado hace, de vez en cuando ofrece una general evolución.
Ésta es una: “Puede ser que el objetivo actualmente no es descubrir que somos nosotros, pero rechazo lo que nosotros somos. Nosotros hemos imaginado y construido lo que nosotros podríamos ser para liberarnos de [una] política “doblemente atada” de los cuales está la simultánea individualización y la totalización de las modernas estructuras del poder. La conclusión podría ser que el problema político, ético, social, filosófico de nuestros días no es tratar de liberar al individuo desde el Estado, y desde las instituciones del Estado, sino liberarnos de ambas de el Estado y del tipo de individualización de los que están relacionados con el Estado.
Nosotros hemos promovido nuevas formas de sujetividad directamente rechazando a ésta clase de individualidad de las que han sido impuestas sobre nosotros por muchos siglos ” [32]
Las generales implicaciones prácticas de éste cambio no han sido exploradas por Foucault en sus escritos, al menos no en una gran extension. Si uno fuera a analizar las actividades políticas de Foucault durante los últimos veinte años, uno podría adelantar un aspecto del campo de batalla contra la totalización y objetivación del sujeto. Pero en éstas batallas él ha sido un ciudadano como cualquier otro, demandando no derechos especiales para si mismo, no ninguna directa y privilegiada relación entre su trabajo intelectual y sus acciones.

LA POSICION DEL AUTOR
En efecto, uno tropieza con grandes dificultades tratando de situar a Foucault como un vocero intelectual con un mensaje particular para proponer. Él no es un intelectual profeta. A diferencia de Jean Paul Sartre, él no lo toma sobre si mismo para hablar en nombre de la Razón, Justicia, Progreso, Objetivamente Mejores Posiciones, o, siquiera de la Inutilidad. En muchas ocasiones (por ejemplo, en “Verdad y Poder”), Foucault ha manifestado en la más reacia y profética expresión, el fín de las profecias intelectuales. Pero ésta es una prolongación de sus planteamientos délficos. En su opinión, el intelectual universal, cuya tarea fue hablar de la verdad del poder en nombre de la razón universal, justicia y humanidad, ya no es una viable figura cultural; el reino del individuo es otro. Sartre fue el último defensor. (Naturalmente hay una cierta contradicción en las aseveraciones de Foucault al ofrecer tales prediciones. Sobre la base de que fuente de información, puede el asegurar que la fígura del intelectual universal ha pasado del escenario historico?
Foucault no es un biologo, o un físico, un hombre de ciencia, tampoco. Tales científicos ocupan la posición clave del “específico intelectual” (el término de Foucault para estos sectores de especialistas sobre quienes nuestro futuro depende y quienes tienen la obligación de hablarnos desde sus laboratorios). Sus palabras son consideradas una autoridad porque su trabajo y nuestro destino están entrelazados, no porque ellos tengan algun especial derecho para representar la razón. El específico intelectual es “aquel quien, junto con un puñado de otros, tiene a su disposición, de todos modos al servicio del Estado o contra el, poderes con los cuales puede en ambos casos, sacar provecho o irrevocablemente destruir la vida. Él ya no es el rapsodia de lo eterno, pero si el estratega de la vida y de la muerte.” [33] Como un profesor quien ocupo la Cátedra de la Historia de los Sistemas del Pensamiento en el Colegio de Francia, es claramente que Foucault no tiene un cierto prestigio, sin embargo él no es obviamente un “estratega de la vida y de la muerte” –incluso si él se ha convertido en su historiador.
Foucault no ha estado dispuesto a reperesentar el juego parisino de el “escritor” como ésto ha sido definido en los últimos años. El “escritor” ha ahora remplazado al intelectual universal. Por ésto tales figuras ya no manejan el poder y la influencia de Emile Zola, Victor Hugo, o incluso Andre Gide, ellos son, sin embargo, personas de influencia y visibles en la actualidad en Francia. En efecto, el nuevo régimen socialista, altamente cohibido acerca de sus relaciones con los intelectuales y su lugar en la historia, han escogido para dar importancia a dos tipos de intelectuales: escritores y tecnócratas. Entre sus primeras declaraciones, en nombre del universalismo francés, el presidente Francois Miterrand garantizó la ciudadanía francesa a dos escritores exiliados de regimenes totalitarios; su gran influencia y su ambicioso ministerio de investigaciones han decidido exaltar a los tecnócratas franceses declarando que el poder nuclear y la bio-ingeniería son los sectores claves para el desarrollo del socialismo.
Como, por consiguiente situar a Foucault? Desde donde emerge su autoridad –sino desde la Razón y la Justicia, sino desde la Ciencia, sino desde las Bellas Artes? En su ensayo: “Que es un Autor?” Foucault nos da algunos elementos para responder. Él hizó una distinción, por ejemplo, entre el cambio histórico importante del autor en literatura y ciencia. Él anota que en Occidente, desde el siglo XVII, el texto científico fue uno de los más extremadamente asociados con, y legitimados por la celebridad y autoridad del autor: “Éstos textos que nosotros ahora podríamos llamar científicos– Éstos que se relacionaban con cosmología y las estrellas, medicina y enfermedad, ciencias naturales y geografia– fueron aceptados en la Edad Media, y aceptados como “verdaderos” únicamente cuando estaban marcados con el nombre de su autor.” [34] Ésta situación ha obviamente cambiado ahora. Una vez que estas disciplinas cruzaron el umbral científico de la “formalización” y lograron desarrollar el procedimiento en la formación de conceptos, evidencias, verificaciones, etc, entonces el nombre del autor ya no fue importante para la legitimidad del texto. La verdad se volvió más anónima.
En la literatura,en términos generales, nosotros encontramos una trayectoria opuesta. Durante la Edad Media, “el texto que nosotros actualemte llamamos ‘literario’ (narrativa, relatos, cuentos, épica, tragedia, comedia) fueron aceptados, puestos en circulación y valorizados sin ninguna pregunta acerca de la identidad de sus autores; su anonimato, no causó dificultades desde sus comienzos, asi fuera real o imaginario, fue visto como una garantia suficiente de su estatus.” [35] Desde comienzos del siglo XIX, sin embargo, la literatura con una L mayúscula ha surgido como una autonoma y altamente valorada actividad, con un lugar para ella misma en el escenario intelectual, (ver, Rolan Barthes “El Grado Cero de la Escritura”). Y la legitimidad del autor a continuado creciendo en las produciones literarias. La identificación y evaluación del trabajo literario está intimamente relacionado a la fama, situación y reputación de su autor, y desde el mundo intelectual que gravita en torno a éstos en el poder.
Foucault, por consiguiente, brevemente hace alusión al tercer tipo de posición del autor. Éstas son las raras figuras, sociales pensadores a quienes al parecer él llama “Fundadores de Discursividad”. Especificamente, el mencionó a Karl Marx y Sigmund Freud. A quienes Foucault decribe como figuras quienes provéen un paradigmático campo de términos, imagenes y conceptos con los cuales se organizan el pensamiento y la experiencia acerca del pasado, presente, y el futuro de la sociedad, haciendo así una forma en la cual enigmáticamente se sobrepasan los objetivos específicos que ellos pusieron en movimiento. Éste estatus es particular en las ciencias humanas. Mientras que en las ciencias de la biología o la física los textos originales, dice James Clerk que en las ecuaciones de Maxwell o aquellas de Albert Einstein, están completamente absorvidos y sobrepasadas por los trabajos científicos que les siguieron a ellos, y éste no es el caso de las ciencias humanas.
Foucault no quiere decir que el progreso sea unilineal en las ciencias exactas, únicamente que una clase de sistema discursivo es característico de éstas disciplinas, y otro es característico de las contemporáneas ciencias humanas. En el último caso, uno encuentra un constante retorno a los textos de ciertos “Fundadores de Discursividad”, a pesar de los avances en los argumentos objetivos, la verificación de hipótesis, y los métodos. Mostrando las inconsistencias de Freud, o las carencias en las prediciones de Marx, no se ha destruido tampoco el psicoanálisis Freudiano, ni el marxismo. Foucault anota: “Para difundir un tipo de discursividad, tal como el psicoanálisis a sido fundado por Freud, no es para darle una formal generalidad que podría no haberse permitido desde el principio, sino más bien, para abrirlo a un cierto número de aplicaciones… Además uno no declara ciertas proposiciones en las obras de éstos fundadores como falsas: En su lugar…uno aísla éstos enunciados que no son pertinentes…reexaminar textos de Freud modifica el psicoanálisis mismo, justamente como una reexaminación de las obras de Marx podrían modificar el marxismo.” [36] Foucault no está respaldando, celebrando o lamentando ésta curiosa formación discursiva en la ciencias humanas; él esta indicando su existencia, y en ésto él es, de nuevo, altamente original.
Mi apreciación es que Michel Foucault, él mismo podría muy bien ser uno de éstos “fundadores de discursividad”. El juicio que he estado construyendo, tiene que ser inmediatamente modificado. Si las obras de Foucault cumplen efectivamente en el futuro como un central organizador de discursos, ésta hará en una manera radical diferentes discursividades, institucionalmente, políticamente, y –A mi parecer– psicoanalíticamente desde el trabajo de Marx y Freud.
No hago ver a Foucault como la única figura con tal estatutos.
Dos figuras con quienes tal comparación podrían hacerse, son Thomas Kuhn y Max Weber (ninguno de los cuales ha tenido cualquier directa influencia sobre Foucault).
Tomando a Kuhn primero, hay naturalmente notables paralelos en el contenido de los trabajos de Foucault y en los trabajos de Kuhn en sus énfasis en como la reflexión científica y la investigación son organizadas, manejadas y transformadas. [37] Por otra parte, ambos han sido recibidos entusiasmádamente, sin embargo, ambos han evitado el imperio construido que ha estado abierto para ellos. Al mismo tiempo una ráfaga de opiniones negativas y hóstiles, pequeñas correciones han acompañado la creciente influencia y los nuevos razonamientos resultado de los trabajos de ambos hombres. Ésta reacción al parecer indica un importante cambio en nuestro estilo discursivo contemporáneo, y no obstante el surgimiento de una radicalmente manera de preguntar para los investigadores. Los interrogantes que ambos hombres hacen, se extiende de las ciencias humanas a través de las supuestamente sólidas, imparciales, ciencias exactas. Que es lo más exasperante para los acotecimientos originados, pies sobre la tierra de los empiricístas en que los pensamientos de Foucault y Kuhn ha surgido de una sistemática habilidad para comprender exactamente éstos fenómenos de “practicas divisorias”, “matrices disciplinarias”, “pequeños delitos”, los cuales parcialmente constituyen la actividad científica, a pesar de que ellos no se agotan.
Sin embargo, cualquiera que sea el impacto de los trabajos de Kuhn en la larga duración, su alcance en los problemas sobre el sujeto son más limitados e inherentemente diferentes de los de Foucault. Y así la comparación con Max Weber sugiere lo mismo. Para Foucault y Weber aportar claridad acerca de nuestra pesadilla –en los términos de Weber, el “poderoso universo del orden económico moderno…la jaula de hierro (en los cuales) especialistas sin espíritu, sensualistas sin corazón, (son) cogidos en la desilusión que (ellos) han ejecutado a nivel del desarrollo nunca antes alcanzado por los hombres.” [38] Aunque Weber venga de la tradición liberal racionalista de la academia alemana y Foucault de los disidentes de la intellegensia francesa es naturalmente significante, pero ésto no es un impedimento para la comparación, ninguno de los dos pueden ser ubicados o reducidos a éstas caracterizaciones. Weber, aunque frecuentemente aparece como un conservador, ofrece una devastadora cuenta del capitalismo moderno del cual ciertamente él no sugiere que el desée preservarlo completamente. Foucault a estado apareciendo como un conservador, en el sentido que él se ha permanentemente opuesto demasiado al moderno Marxismo Francés, “existente socialismo”, y aquellas utopías y pesadillas asociadas con ésta tradición. Pero tales etiquetas nos dicen poco. Lo que ambos, Foucault y Weber proponen –en un pesimista y obstinado modo en el caso weberiano, y un evasivo y alegre modo en Foucault– es un heroíco rechazo al sentimentalismo del pasado en una vía o a la equivocada necesidad de revestir al futuro como peligroso pero abierto. Ambos han comprometido sus vidas a un escrupuloso, aunque poco ortodoxo para forjar las herramientas intelectuales para el análisis de la racionalidad moderna, la social económica organización y la sujetividad. Ambos ven la manera de criticar el historicismo, como la única vía para preservar la razón y la obligacion –diferentemente extendida por Weber y Foucault– para forjar una etica ascética de la responsabilidad científica y política como la más alta actividad de la madurez intelectual.
—Paul Rabinow